Foto por: Juan Ignacio Rosero.

 El día a día de la mujer arte sana de Sandoná es admi rable. Además de llevar a cabo agotadoras labores domésticas, las energías le alcanzan para concentrarse en tejer sombreros en palma de iraca. Va y viene por su casa. Primero un pedazo de sombrero, luego otro. Muchas de ellas son madres cabeza de familia y sus ingresos dependen de lo que tejan en el día.

En Sandoná, la artesanía ocupa el tercer renglón de la economía, tras la caña de azúcar y el café, como lo explica Lilian Rosero, lider esa de la Cooperativa Femenina
Artesanal, Coofa, que lleva 33 años en el mercado. La artesana cuenta que el aprendizaje de la técnica es por tradición y que en muchos casos los niños antes de los 7 años ya han aprendido sólo con ver tejer a sus madres. “Siempre decimos que en esta artesanía se plasman tristezas, angustias, sufrimientos, pero  esperanza, sobre todo esperanza, por eso cuando nos reunimos con las compañeras decimos que ojalá esta empresa siga adelante, que nunca termine”, dice la artesana Rosero.

Foto por: Juan Ignacio Rosero

La palma de iraca se cultiva en Linares. La paja toquilla, que es lo que se extrae de la palma, llega a Sandoná donde, dependiendo del diseño, se la tintura de manera artesanal. Además de sombreros, se tejen canastos, centros de mesa, accesorios y bisutería. Mario Delgado es un joven emprendedor que ha aportado nuevas ideas en
el diseño de artesanías, especialmente de bisutería. “Hacemos cosas nuevas.Nuestro producto es diferente y de una gran calidad. Mezclamos con otros materiales como semillas, tejidos, chaquiras, hilos y otras piezas”, dice el artesano del taller Palmata.

Juanita Castillo es otra lideresa artesanal. El año pasado se la reconoció con el premio Mujeres de Éxito, por su trabajo en la Asociación de Tejedores Juanita, grupo conformado por 198 mujeres. “Si uno quiere que su comunidad progrese, las mujeres mayores tenemos que compartir nuestro conocimiento”, dice la artesana, que, además, está dispuesta a enseñar la técnica deltejido en palma de iraca a cualquiera que tenga las ganas de salir adelante. “A los 22 años me quedé sola con 3 hijos y nadie me ayudó. Por eso yo amo estas pajas, yo amo este trabajo porque me permitió sobrevivir y trato en lo posible de ayudar para que otros no sufran como lo hice yo”, dice Juanita, mientras acaricia las pajas que se secan en la terraza de su casa.

Foto por: Juan Ignacio Rosero