En el taller de Ecotema cada telar horizontal es bautizado según sus características, por ejemplo, ‘El Chévere’ debe su nombre a su fácil manejo.

En Pasto, el maestro artesano Édgar Napoleón Zambrano lleva 43 años trabajando en Ecotema, una cooperativa estandarte del tejido en la región. Los productos son únicos y se caracterizan por juntar diferentes técnicas, como el telar horizontal y el bordado. Las piezas narran historias del paisaje andino y se crean para diferentes usos, desde lo utilitario hasta lo decorativo. El maestro menciona que los productos son duraderos y sostenibles: “Nosotros trabajamos algodón y lanas naturales, y hacemos algo de sintético también, pero lo que tiene más salida son las fibras naturales”.

El tejido representa la tradición legada a través de la oralidad y conserva las figuras encontradas en petroglifos y objetos precolombinos del nudo de la Waka o nudo de
los Pastos. Al pie del volcán nevado de Cumbal, la artesana Blanca Tarapués se encarga del telar y su esposo de la guanga, y en ese trabajo en equipo producen las piezas que después comercializan junto con sus asociados, destacándose productos de gran circulación como bolsos, ruanas y chalecos. Las piezas son el resultado de un proceso complejo y cuidadoso, en tanto que la calidad de sus productos es de tipo exportación. Desde la recolección de la materia prima, cada paso constituye un elemento de valor agregado para las piezas. La lana es lavada y ubicada en el sitio de
trabajo para ‘tizarla’, se separa y se empieza a dar las primeras formas para poder hilar y tejer.

El tejido en guanga es una práctica ancestral llevada a cabo en el hogar, por la facilidad de combinarla con los quehaceres cotidianos

En el taller de la Asociación Nalnao, en Guachucal, representada por María Leonor Tutalchá quien trabaja junto a 14 asociados más, se realizan piezas mientras se
conversa de las historias cotidianas: alegrías y penas que quedan grabadas en el producto final. Las tejedoras de mayor trayectoria recuerdan que aprendieron la técnica de sus madres, quienes les recalcaban que para casarse debían tejer una pieza que enamorara y que recordara el futuro marido. De este modo, las madres aseguraban también que sus hijas pudieren tejer más adelante las prendas de sus propios hijos: vestidos, pañales, fajas, la pieza para cargar el guagua, además de gorros, medias y guantes, para protegerlo del frío. Es así como los sentimientos y
saberes también son portados, razón por la cual, el buen vivir de las comunidades es fundamental en la creación y el reparto de las piezas hechas a mano.