José Luis Rosero sensibilizando en cafes especiales a un grupo de la Fundación Hospital San Pedro en el Hotel Casa López.

Es oriundo de Putumayo e hijo adoptivo de Nariño hace 8 años. Un hombre que lleva consigo una historia con aroma a café, desde el latir de su genética heredada por su abuelo materno del Huila, quién integró como parte de su familia a los cultivos de café.

Sumado a esto, recuerda la primera vez que él incursionó formalmente con la bebida que lo acompañaría toda su vida, el punto de giro de su historia se sitúa cuando Jose Luís interactuó con una cafetera MoKa Italiana, o también conocida como greca o macchinetta, una cafetera para preparar espresso, mediante el vapor de agua, que presenta una taza que permite degustar el sabor a profundidad y describir la textura del café.

Una vez enamorado del néctar negro de las montañas de Colombia, viaja a Nariño con la ilusión de aprender de uno de los mejores maestros, Jorge Patiño, como él lo referencia, su mentor.

El día a día para Jose Luís, transcurre enseñando la importancia de la cultura del café y el buen consumo. Su personalidad y carisma hace que sea un consultor, tallerista, asesor, y orientador, para diferenciar las propiedades que tiene un café especial versus uno comercial, y a su vez hacer comprender que en Nariño existe todo el potencial para tener un sinnúmero de tiendas de cafés especiales, como la que acompaña actualmente en Velero Café.

Un restaurante de mar que acogió a la tienda como una oportunidad de marcar un hito, donde se dan cita desde caficultores que llevan su café en grano, curiosos de múltiples conocimientos para degustar por primera vez una buena taza de café, hasta expertos de buen paladar, como lo son los baristas con gran trayectoria.

La pasión por el café lo ha hecho experimentar y profundizar a través de la investigación, al enseñar sobre los métodos de preparación se dio cuenta que existían escasas posibilidades que en todos los hogares de sus estudiantes tuvieran una prensa francesa o una máquina especializada, para practicar y degustar una bebida de calidad.

De ahí nace la cristalización de un sueño, una nueva Vandola, la que de una manera artesanal con ayuda de un alfarero local perfeccionó el prototipo desde el cono, hasta la jarra mejorando su funcionalidad, logrando una estética muy cercana a la precolombina, logrando que el método de filtrado costarricense, creado por el barista Minor Alfaro, permita que los cafés nariñenses se puedan disfrutar con una mejor experiencia, puesto que reduce y balancea las características acidas del café nariñense y resalta sus dulzores.