30 años cuidando a las familias nariñenses

Luce impecable su uniforme azul, entre claro y oscuro.  Se quita la gorra para iniciar la conversación que, así como avanza, revela el total orgullo que siente de pertenecer a la empresa y dedicarse a hacer lo que siempre soñó: ser guarda de seguridad.

Luz Dary Lázaro, al igual que cerca de 800 trabajadores, hace parte de Seguridad del Sur; empresa que hace treinta años empezó en Nariño como una compañía de vigilancia y transporte de valores, y que once años más tarde, se dividió en dos: Transportadora de Valores del Sur y Seguridad del Sur.

Seguridad del Sur presta servicios de vigilancia física, con arma y sin arma, para los sectores comercial, residencial e industrial. Igualmente, servicios de escolta a personas y mercancías, además de vigilancia a través de medios electrónicos, con sistemas de alarma monitoreados.

“Esta es una empresa que se piensa desde el trabajador. Si nosotros estamos bien, el servicio no puede ser inferior a ese bienestar que aquí nos brindan”, asegura Luz Dary, quien cumple seis años de servicio en la entidad. Con plena convicción, manifiesta que este tiempo ha sido la oportunidad para conseguir la estabilidad que tanto anhelaba y que ha traído consigo el progreso para su familia.

La guarda recuerda cómo llegó a la empresa siendo cabeza de hogar y con una apretada situación económica que, por fortuna, cambió al poco tiempo de ingresar a su nuevo trabajo. “Apenas llevaba dos meses de vinculación y la empresa me incentivó para postularme a un proyecto de vivienda, con el acompañamiento y respaldo de las directivas. Desde entonces, tengo casa propia”.

Además de este logro, sus dos hijas han podido cumplir sus metas de estudio. La mayor ya es profesional y la segunda avanza en su carrera universitaria, en la Universidad Cooperativa.

Se creería que un salario mínimo es insuficiente para mejorar la calidad de vida de una familia; nada más lejos de la realidad, explica Luz Dary, gracias a que “los turnos son reglamentarios. Trabajamos cada ocho horas y descansamos un día cada ocho días. No hacemos turnos de colaboración, ni nos quedamos más de las horas estipuladas porque así lo acuerda la Ley. Si me paso quince minutos, es tiempo que la empresa me paga. Esto es calidad de vida”, explicó Luz Dary.