El impedimento que tenían algunas familias de la zona urbana para plantar un huerto casero, dio origen a un proyecto que les ha permitido producir diversos alimentos que además de suplir sus necesidades básicas, han evolucionado en un proyecto productivo

La solución para que los interesados pudiesen tener sus huertos propios a pesar de no contar con un espacio para hacerlo, surgió de la Secretaría de Agricultura de Pasto, que buscó, gestionó, y coordinó el préstamo de una finca para llevar a estas familias a desarrollar la actividad. Así nació el proyecto Janacatú.

Los cinco grupos participantes recibieron capacitación en todo lo relacionado con el tema de agricultura urbana, hicieron práctica en la finca, aprendieron a sembrar tubérculos, gramíneas, leguminosas, y frutales. Empezaron a hacerlo en escala pequeña (cada grupo familiar en media hectárea). La constancia y el amor por lo que hacen llevaron a que hoy en día su alcance se haya ampliado a 12 hectáreas de producción por grupo.

El principal objetivo del proyecto “Finca Janacatú”, agricultura urbana, es la seguridad alimentaria, que las personas tengan acceso a una diversidad, que no se siembre solamente un tipo de alimento

Una de las características que más enorgullece a estos agricultores urbanos es haber logrado sacar adelante sus cultivos usando solo un 25% de la cantidad de fertilizantes y otros químicos que se usan en una plantación normal. “de esta manera impactamos positivamente los costos de producción, desvirtuando la premisa de que sin determinadas cantidades de insumos, no se puede producir. Estamos haciendo una agricultura con buenas prácticas agrícolas y en lo posible la no utilización de los productos de síntesis química. Mientras normalmente cuesta 40 mil pesos producir un bulto de papa, a nosotros nos cuesta 17 mil al dejar de usarlos”, explica Juan       Manuel Narváez.

El principal objetivo del proyecto “Finca Janacatú”, agricultura urbana, es la seguridad alimentaria, que las personas “generen, siembren, cosechen diversidad de alimentos, que siembren hilos de cuatro o cinco diferentes tipos de siembra, en donde el valor nutricional o la seguridad alimentaria verdaderamente hace impacto.

"Se hace una combinación que permite a las familias llevar a su casa una nutrición balanceada y saludable”

Hoy se ha alcanzado este propósito: hay producción de gramíneas, leguminosas, tubérculos, y hortalizas, lo que permite a las familias llevar a su casa una nutrición balanceada y saludable. Por eso cultivan papa, arracacha, maíz, frijoles, arvejas, habas, brócolis, coliflores, repollos, acelgas, lechugas, espinacas, rábanos, y otros, para tener más opciones.

A medida que avanzó el proceso, también se fue estructurando una asociatividad, fortaleciendo así la Agricultura Periurbana (teniendo en cuenta que Jacanatú está prácticamente en la ciudad). Cada grupo asociativo tiene alrededor de 25 integrantes, y guarda un remanente de más del 30% de lo que produce, el cual va a unos fondos de ahorro destinados a la zona de producción. En cada grupo hay una junta directiva que está conformada por un presidente o un secretario tesorero, un fiscal y un local.

En estos tres años de trabajo (están organizados desde el 2017), han producido 60 toneladas para comercialización, cuyo producto ha servido para sostener este proyecto, que tiene en la Quinua a uno de sus alimentos estrella: además de ser ancestral, le atribuyen haber salvado la vida de una de las cultivadoras. Así narra Juan Manuel la experiencia: “Una señora que llegó a trabajar se desmayaba porque estaba con unos niveles altos de desnutrición. Comenzamos a manejar unas comidas comunitarias a base de quinua, y la recuperación de ella luego de unos meses,             fue impresionante”.

Con los PRAE (Proyectos Ambientales Escolares) la finca ha logrado una alianza de beneficio mutuo. Los jóvenes de la institución educativa reciben capacitación en todo el proceso de producción, y replican en sus casas lo aprendido

Este proyecto conlleva también al fortalecimiento del tejido social, a rescatar el trabajo comunitario, e incluso a crear conciencia en la comunidad para reciclar y reutilizar, porque reciben capacitación para que desde los recipientes más sencillos hasta los residuos de la cocina, se transformen y reciban un nuevo uso. Por ejemplo, el agua que utilizan es agua lluvia que recogen en una actividad que definen como la “cosecha de agua”, que también aprovecha el líquido del tercer o segundo enjuague de las lavadoras, y que con unos sulfatos puede ser reutilizada en los módulos de producción.

Con los PRAE (Proyectos Ambientales Escolares) la finca ha logrado una alianza de beneficio mutuo. Mientras obtienen apoyo en la parte presupuestal, los jóvenes de la institución educativa reciben capacitación en todo el proceso de producción, y replican en sus casas lo aprendido. Han trabajado con el INEM, el Eduardo Mora Osejo, el Heraldo Romero, y el Chambú. En este último, según afirma Juan Manuel, lograron organizar un cultivo de hortalizas en una plancha utilizando elementos obtenidos     del reciclaje.

Los múltiples beneficios de tener un cultivo urbano son el mejor argumento de la Secretaría de Agricultura para promover su implementación en todos los hogares nariñenses, porque, como explica Juan Manuel, “Con la agricultura urbana cualquier espacio es bueno para hacer un cultivo. En un espacio de 3.5 x 6 metros, llegamos a tener hasta 380 plantas de diferentes variedades de cultivo, entonces no se necesita tener espacios grandes, nosotros lo estamos haciendo en espacios muy pequeños y tenemos una gran biodiversidad”.