La diputada Rosa Guevara Rosero es una mujer orgullosamente campesina, que nació en la vereda San Luis del Sesenta del municipio de Samaniego, en un hogar conformado por su padre agricultor y su madre ama de casa. Desde muy niña se caracterizó por querer ser "alguien en la vida", por salir en la búsqueda de sus sueños y metas, y gracias al apoyo de su familia y su inmensa fe, lo que se ha propuesto, lo ha logrado. Hoy comparte su historia con Voces de Nariño para motivar a otras mujeres.

Todo estaba dado para que Rosita al crecer, se convirtiera en una mujer dedicada al campo, cuidar la casa y atender las necesidades de su hijos y su marido, eso lo entendió desde muy pequeña, cuando al terminar la escuela primaria sus padres le informaron que no podrían matricularla en secundaria. Su abuelo sugirió que debería aprender un oficio para que se defendiera en la vida.

Así fue que con apenas once años, Rosita se vio enfrentada a una vida lejos de sus padres, viendo pasar a otras niñas de su edad alegres hacia el colegio, mientras ella sentada detrás de una máquina de coser, solo podía soñar con esa oportunidad de terminar su secundaria.

Esas circunstancias le hicieron madurar rápidamente, y entendió que si quería un futuro diferente, ella misma debía construirlo. Por esos días se organizó el primer reinado campesino, donde tuvo la oportunidad de representar al Corregimiento de El Salado. Gracias a su espontaneidad y carisma ganó el primer lugar; desde muy pequeña se caracterizó por desenvolverse ante el público, a conectarse con la gente, a entender las necesidades de sus coterráneos y a gestionar soluciones. Tiempo después, empezó a trabajar en un almacén cercano a donde vivía para solventar por sí misma sus estudios, matriculándose en el colegio nacional Simón Bolívar e iniciando uno de sus sueños que era terminar el bachillerato. Continuó con su dinámica de trabajo y estudio simultáneos, en una rutina agotadora que no le impidió conseguir como personera estudiantil de su institución, importantes ayudas para la comunidad educativa. Una vez terminó el colegio se fue a la capital nariñense, cumpliendo otra meta que se había trazado: vivir allí para encontrar mayores oportunidades.

Todo estaba dado para que Rosita al crecer, se convirtiera en una mujer dedicada al campo, cuidar la casa y atender las necesidades de su hijos y su marido, eso empezó a entenderlo desde muy pequeña, cuando al terminar la escuela primaria sus padres le informaron que no podrían matricularla en secundaria

Buscó un hospedaje económico y un trabajo. Logró un puesto en los peajes, y durante los dos años y medio que trabajó allí, demostró sus ganas de superarse pasando de recolectora a supervisora, luego a supervisora jefe y finalmente a jefe. Sus ganas de evolucionar la llevaron a ubicarse en un empleo que le permitiera estudiar, fue así como llegó a la contraloría Departamental y decidió empezar a estudiar derecho en la única universidad que por ese entonces le permitió trabajar y estudiar al mismo tiempo: “en la Universidad Cooperativa hice mi carrera de derecho en los horarios de 6:00 a 8:00 am y de 6:00 a 10:00 pm de lunes a viernes, para lo cual tuve que recurrir a un crédito educativo con el Icetex. Cuando uno con su mismo esfuerzo tiene que estudiar, con su propio trabajo tiene que comer, con su propio trabajo ha conseguido pagar un arriendo, valora más la vida, valora más todo lo que con su mismo esfuerzo ha conseguido”, dice Rosita refiriéndose al sacrificio que tuvo que hacer para estudiar y sostenerse al mismo tiempo.

Cuatro años después se desempeñaba como técnico en la Secretaría de Educación, y su inquietud por trabajar de manera más directa por la gente de zonas vulnerables, la motivó a hacer parte de la comitiva que acompañó al Dr. Raúl Delgado (entonces candidato a la gobernación) a un recorrido por el departamento. En esa dinámica descubrió su talento para la política, así lo relata ella: “Recuerdo especialmente cuando llegamos al municipio de Aldana. En una de tantas reuniones tuve la oportunidad de conversar con varias personas acerca de las necesidades de la comunidad, y sin darme cuenta el grupo aumentó poco a poco de manera considerable y se logró una gran empatía". De ahí en adelante, se dedicó a eso, a escuchar a las personas, conocer sus inquietudes, y tratar de que fuesen tenidas en cuenta por el candidato, que una vez resultó electo, la invitó a ser parte del equipo de gobierno como Coordinadora Departamental de Atención a Víctimas del Conflicto Armado: "Me apasioné tanto que arriesgué la vida tratando de ayudar a la gente, recorriéndome en más de una ocasión los diferentes municipios del departamento”.

Ha trabajado y continúa trabajando por aumentar las oportunidades para las mujeres nariñenses, y resalta que son ellas mismas las que tienen que luchar y entender la importancia de hacerlo

Posteriormente, hacia 2018, tuvo la oportunidad de trabajar como asesora en derechos humanos del Ministerio del Interior. “Renuncié del Ministerio para acompañar en la campaña a la Cámara de Representantes del Dr. Raúl Delgado, luego estuve como asesora externa de una de las Organizaciones de segundo nivel, la Asociación de Consejos comunitarios y Organizaciones Étnico Territoriales de Nariño (Asocoetnar)”, cuenta. Y fue en esa época que le propusieron ser candidata a la Asamblea del departamento. Un nuevo reto se presentaba, ante el cual tomó la decisión de probarse a sí misma que era posible ganar sin estructura política, sin dinero, y asumiendo el desafío de hacerlo siendo mujer.

Los escasos recursos que tuvo para hacer campaña, fueron compensados con el amor y la pasión que puso en llegar a ser diputada del departamento "con todas las ganas del mundo, con la verraquera y el entusiasmo que nos caracteriza a las mujeres, y con el apoyo de un magnífico equipo de amigos y amigas, iniciamos el trabajo". Fue un esfuerzo que no quiso interrumpir ni siquiera cuando sufrió un desafortunado accidente que le dejó una grave fractura en la pierna. Prefirió la tortura del yeso y las muletas a una cirugía, para recorrer los 64 municipios aunque tuviese que subirse a una lancha con gran dificultad e incomodidad.

Gracias a Dios, al esfuerzo, a la persistencia y a la ciudadanía nariñense, Rosa Guevara Rosero alcanzaba otra meta en su vida: Hoy en día es la única diputada de la Asamblea Departamental de Nariño, cargo desde el cual está trabajando para cambiar el presente y futuro de otras niñas y mujeres, para que logren su empoderamiento, pierdan sus miedos, y sean capaces de alcanzar lo que se proponen.

Actualmente está casada con un hombre que entiende su trabajo y la apoya de manera incondicional. No ha tenido hijos, o sí, dos de cuatro patas. Uno murió hace cuatro años y el otro falleció recientemente, su ausencia aún le duele: “ha sido el dolor más grande que he sentido,

Su perrito falleció recientemente: “ha sido el dolor más grande porque era como hijo para mí", dice con tristeza.

"La vida se aprende a valorar más cuando uno con su mismo esfuerzo tiene que estudiar, con su propio trabajo tiene que comer, con su propio trabajo tiene que pagar un alquiler"

porque era como un hijo para mí, lo rescaté en San Lorenzo, lo iban a enterrar vivo, lo maltrataban. Vivió conmigo 15 años, no saben la falta que me hace. Las personas deben entender que los animales son seres sintientes, y tratarlos como tal". Es por eso que manifiesta su interés por apoyar a las organizaciones que trabajan en Nariño por defender los derechos de los animales.

Su propósito ahora es trabajar por aumentar las oportunidades para las mujeres nariñenses, “debemos luchar mancomunadamente y entender la importancia del trabajo en equipo, juntas nos podremos fortalecer e ir ganando más espacios de participación, donde trabajaremos en defensa de nuestros derechos como mujeres. Teniendo en cuenta que somos el 51% de la población, mi objetivo es que en cuatro años tengamos más mujeres electas en la asamblea, en las alcaldías, en los concejos municipales. Es necesario que confiemos en nosotras mismas, que confiemos en nuestras capacidades y perdamos los miedos.