Comienza el año en Nariño y con él, rostros, voces y atuendos de personas de otras
tierras, algunas más lejanas que otras, empiezan a integrar el ambiente de alegría
carnavalesca en donde por cuatro días las diferencias entre unos (foráneos) y otros
(locales) se harán casi imperceptibles.

Ha llegado el momento del Carnaval de Blancos y Negros, y entre música y arengas los pastusos y nariñenses complementan la exclamación insignia de ¡Que Viva Pasto Carajo! con un ¡Que vivan los turistas!

¡Que vivan! Responden en unisonó los foráneos. Entre ellos, aparece una familia y un grupo de amigos, quienes, al percatarse del acento, preguntan por su procedencia. Los unos son de Buga y los otros de Cali. Al enterarse de que vienen de la misma tierra, uno de ellos grita ¡Entonces aquí está la delegación del Valle del Cauca!” refiriéndose a su representación. Así mismo, todos y cada uno de los turistas de Colombia, Alemania, Canadá, India, Brasil, Polonia entre otros países se unían a la arenga más cálida e inclusiva del carnaval.

La fluidez y espontaneidad de los encuentros entre desconocidos, resulta sorprendente para quienes llegan por primera vez. Manuel quien viajó con su madre y dos hermanas desde Bogotá. Aquí, cualquier espacio se torna una oportunidad para hacer nuevos amigos, como le pasó el 06 de enero a las 7:00am mientras esperaba el desfile magno, cuando una pastusa le compartió de sus papas cocinadas con ají de maní y algo de crispetas recién hechas en casa, para hacer menos larga la espera.

El juego, idioma universal, aparece magistralmente durante los días del Carnaval. Este, que es relegado normalmente a los niños, se toma el alma y los deseos de los más adultos provocando una experiencia placentera y vitalizadora; como lo dirá Paul, un canadiense de un poco más de 60 años, quien, según su testimonio, redujo algunas décadas, pues volvió a experimentar sentirse como un niño de 10 años de edad, en medio del arte, la música y los colores de un carnaval como ningún otro.

Por otra parte, aparece en las palabras de Katherine una paisa, oriunda de Medellín, quien dijo:“es demasiado arte, es algo que no se vive en ninguno otro país y en ninguna otra ciudad, es algo significativo”.. , quien resalta el papel mientras invitaba a todas las personas a conocer el trabajo de los artesanos nariñenses.

La conservación y exaltación de la cultura y biodiversidad andina en su encuentro con las culturas pacífica y amazónica, son encarnadas por quienes año tras año participan creando los trajes y las carrozas, bailando e interpretando diferentes instrumentos musicales como el tambor y la zampoña.

Por otra parte, la dedicación, el sacrificio y el amor por lo que se es, se tiene y se representa, expresado por los artistas, es apreciado por todos quienes observan los desfiles, sobre esto Manuel dice: “Me quito el sombrero con todas las personas que participaron en el carnaval, porque vi niños de 3,4,5 añitos, hasta unas personas de la tercera de edad, que no sé cómo harán para durar 4 o 5 horas caminando y danzando sin perder el ánimo”.

Al carnaval se añaden las visitas obligatorias a los atractivos de la región, entre los que se encuentra La laguna de la Cocha, para quienes esperan vivir una experiencia más local y El Santuario de la Virgen de las Lajas, cuya atmosfera y excentricidad deja sin aire hasta a los menos creyentes.

Así fue, para Melissa, colombiana y Joseph, canadiense; una pareja de viajeros que se encuentran realizando un recorrido por Sudamérica, y cuyo primer destino del año fue la ciudad de Pasto. Para ellos, el viaje por la región estuvo acompañado de “vistas impresionantes”, experiencias con las comida y vivencias locales, además de algo de aventura, como cuándo dejaron Pasto en horas de la tarde para realizar una visita nocturna al Santuario de Las Lajas para apreciar el show de luces que ha adornado la catedral por los últimos tiempos. Para Joseph, artista plástico de profesión, fue verdaderamente emocionante, encontrarse con aquella joya arquitectónica, representante de las tradiciones artísticas europeas en su encuentro y mixtura con el territorio y conocimientos latinoamericanos.

El año comienza nuevamente y los turistas, de todas las latitudes, no pueden más que prometerse un “Hasta luego” con la ilusión de continuar explorando esta bella y cálida tierra que los recibió por unos días.