¿Qué encuentra uno en la cocha? Son las preguntas que hacemos propios y extraños sobre este paradisíaco lugar.

Lo primero que observa el turista cuando llega a este paradisíaco sitio es un ambiente de paz y tranquilidad. Su paisaje y naturaleza no tienen igual. Allí es posible caminar entre flores y exóticos frailejones blancos, antes de llegar a una huerta donde crecen los vegetales que servirán de alimento en los almuerzos y comidas, pasando por la cuyera y conejera antes de tomar rumbo hacia el muelle de donde salen las lanchas a navegar por la laguna o con destino a la mágica isla de La Corota, cargada de energía cósmica y considerada una de las reservas naturales de Colombia, o a El Puerto donde llegan todas las lanchas que circundan por la laguna y también donde hay un sinnúmero de restaurantes y tiendas de artesanías.

Si nos adentramos navegando en la laguna podemos apreciar esas magníficas montañas de la cordillera de Los Andes reflejadas en el agua, así como las bellas fincas, todas de un verde multicolor por los cultivos de papa, cebolla, trigo, quinua, y muchas plantas de pancoger.

Regresando al Chalet, se entra por su parte destinada a la recreación tanto de adultos como de niños. Allí se ven familias enteras gozando, divirtiéndose y riéndose por la cantidad de actividades que se encuentran: El brinca-brinca, la tarabita, el camión de sube y baja o del equilibrio, los columpios para niños o para parejas de enamorados o de adultos convertidos en niños, hacen parte de los juegos exteriores del Chalet.

También es posible montar a caballo por los senderos internos del Chalet o cabalgar por las veredas que rodean el hotel e ir hasta una bella cascada situada a                   pocos minutos.

De regreso es una delicia poder sentarse en el bar de la chimenea a contar nuestras experiencias a la familia y los amigos, alrededor de un canelazo o unos herviditos nariñenses bien calientitos, al son de los chasquidos de la leña ardiente que calienta el cuerpo y el alma.

Es hora de almorzar y nos dirigimos al amplio comedor estilo suizo adornado por los almanaques que recuerdan cada año del hotel, desde su fundación. Un menú apetitoso, diferente y muy variado se nos presenta. Las famosas cremas y sopas elaboradas con verduras recién cogidas, o la trucha pescada el mismo día en la mañana, bien sea ahumada, frita, almendrada o como usted la quiera o cualquier tipo de carne o pollo al gusto; todo ello acompañado de la ensalada del Chalet, papas de la región o de un delicioso arroz. Vienen después los deliciosos postres regionales como el dulce de chilacuán con queso, la cuajada con “melao” caliente, nuestro arroz con leche y dulce de moras, o el brazo de reina de ruibarbo, las fresas con crema y el helado de paila de múltiples sabores, que terminarán de endulzar la tarde.

Después del almuerzo, se ha vuelto costumbre caminar por el sendero hacia la Hamacoterapia en el alto de la loma, para disfrutar de una vista hermosa de La Corota y la Laguna en pleno, y tomar una siesta mientras los niños se divierten de lo lindo en el parque de recreación.

O si queremos, se puede ver el partido de la fecha en el acogedor salón de televisión, comentándolo con los amigos conocidos o por conocer. El ambiente de este salón, también con su chimenea, pacifica los ánimos de los más furibundos hinchas de los equipos, y gane quien gane, terminan abrazados felicitándose mutuamente.

Quien es huésped alojado en el Hotel, en esas deliciosas alcobas con chimenea, se puede tomar una pequeña siesta de 24 horas, pues en el Chalet se duerme más sabroso y profundamente que en cualquier otra parte.

También puede bajar al salón de juegos bajo cubierta, donde el billar, el ping-pong, el futbolito o el juego de sapo están a disposición para divertir a pequeños y grandes. Allí mismo podrá meterse con su grupo favorito al BAÑO TURCO, donde conversando alegremente es posible pasar unos ratos saludables y agradables.

Las cabañas son especialmente pensadas para los grupos familiares, cuatro, seis, ocho o diez personas pueden alojarse cómoda y alegremente en ellas. Tienen camas muy placenteras, una chimenea central y una mesa para jugar, comer o simplemente charlar, logrando lo que en la ciudad es más difícil “dialogar y compartir en familia”. Hablar con los hijos, y mejor aún, escucharlos y entenderlos y que ellos también nos conozcan mejor. En el Chalet Guamuez el ritmo es indiscutiblemente diferente. No hay prisa ni afanes, solo calma, tranquilidad, amor y mucho amor por la pareja, los hijos, los amigos, la naturaleza y el medio ambiente. En fin, si lo que uno busca es paz y armonía para disfrutar un fin de semana diferente, La Cocha y su Chalet Guamuez es sin lugar a dudas el sitio ideal…