La técnica ancestral del Barniz de Pasto, Mopa-Mopa, encontró en los artesanos de Pasto sus más cualificados , exponentes al momento de convertir el capullo de un arbusto salvaje en un trabajo

Por: Javier Vallejo Díaz

En dicho proceso, es fundamental la participación de los recolectores, quienes se internan en la selva para aprovisionarse de esa materia prima; también los torneros, escultores, ebanistas, diseñadores, publicistas, promotores y comercializadores.

Uno de los más destacados cultores y guardianes de la técnica del Barniz de Pasto es Eduardo Muñoz Lora, quien es considerado el exponente y embajador cultural de una expresión que debe su ADN al arbusto silvestre denominado mopa-mopa, un vegetal milenario que se desarrolla en la selva amazónica del departamento del Putumayo.

Hijo de Elías Muñoz García y Victoria Amelia Lora Paz, Eduardo es el tercero entre 12 hermanos. Desde su edad escolar demostró sus aptitudes para el dibujo y la pintura, base que lo indujo a inclinarse por la actividad insignia del arte popular nariñense: el Barniz de Pasto.

Antes de vincularse a un taller de Barniz de Pasto, Eduardo recuerda que Rosita Mejía Lora ─prima hermana de su madre─ era la esposa de un barnizador, a quien ocasionalmente visitó en la casa de habitación donde también funcionaba el taller en el que laboraban algunos obreros. “Esa, creo fue la primera impresión agradable que tuve al mirar como pegaban y levantaban telas delgadas de colores con las cuales decoraban objetos de madera como bandejas, platos y cofres. Recuerdo como mágico y fantástico ese momento que nunca se me borrará de mi mente. En aquellos días era un niño de apenas 13 años, inquieto, curioso y con deseo de palpar del mismo modo como los trabajadores transformaban una masa en una obra alucinante”.

El maestro Muñoz Lora reconoce que su madre fue el bastión para acceder al oficio que se constituyó en su proyecto de vida y que ejerce desde hace más de 50 años. Su madre intercedió ante el maestro José Francisco Torres, quien residía en el barrio Obrero, donde dirigía su taller con ocho obreros, para que el adolescente Muñoz Lora lograra vincularse como oficial, como principiante, para hacer mandados, alistar materiales, lijar y fondear piezas de madera, pintar, barrer y ordenar las herramientas. Ese ejercicio rutinario fue su aprendizaje informal, tal como ocurre en todo tipo de actividades artesanales, a las cuales acceden como ayudantes.

Uno de los más destacados cultores y guardianes de la técnica del Barniz de Pasto es Eduardo Muñoz Lora

El taller del señor Torres quedaba en el barrio Obrero, donde residía la familia Muñoz Lora; la vecindad permitió el primer acercamiento de Eduardo Muñoz con el ceremonial mágico de transformación de un intrascendente objeto de madera en     obra ornamental.

Con el propósito de adquirir conocimiento relacionado con el arte plástico, Muñoz Lora se vinculó a la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Nariño, después de presentar un examen de aptitud. Paralelamente con el estudio artístico compartía la actividad en el taller de su vecindario.

La muerte del maestro Francisco Torres a finales de los años sesenta, llevó a Muñoz Lora a tomarse un obligado descanso de siete años en la actividad de barnices. "El maestro Francisco fue mi entrenador y un líder respetado. Gracias a sus enseñanzas y consejos, me ascendieron a la categoría de 'maestre', un grado inferior al maestro. Durante ese tiempo, me convertí en baterista en un grupo musical de la época, lo que me hizo reflexionar y crecer en todos los ámbitos de mi vida. En 1972 me casé con Graciela Martínez, decisión que me obligó a retomar mi trabajo como barnizador, pero esta vez con sello personal. Desde entonces, incorporé mi propio estilo en el dibujo, desarrollé una propuesta de color a base de tintes vegetales los cuales fueron acordes con la temática indígena que identifica mi trabajo, también involucré esculturas con imágenes de nuestra cultura regional y monté el taller en mi casa, todo con el apoyo de mi esposa ".

carroza del Carnaval en homenaje a Eduardo Muñoz titulada "Entre el cielo y el suelo"