Foto: Javier Vallejo Díaz.

Muchas de nuestras mujeres nariñenses se caracterizan por esa habilidad manual que nos recuerda a nuestras abuelas y Doña Patricia Montenegro Hidalgo no es la excepción, aunque por su nombre da la sensación de una mujer recia, nada más lejano a la realidad, ella una persona sencilla, afectuosa, suave en el trato y con una dedicación única para crear “obras de arte” con chaquiras.

Madre cabeza de familia y con cinco hijos “para sacar adelante”, cuenta que siempre le gustó participar en la elaboración de recuerdos, adornos y arreglos para las reuniones familiares y de amigos, pero su gusto para hacerlo le permitió tocar otras puertas, lo que le facilitó superar algunas crisis de dinero. Sus cuatro hijas la acompañan en su labor, todas estudian, pero no desatienden los pedidos de la empresa, se dedican a este oficio con mayor destreza y facilidad que su maestra y madre, quien así lo manifiesta. Por eso, en éste mes de marzo que se celebra el primer centenario de la reivindicación del género femenino, bien vale la pena resaltar su trabajo, porque aunque en nuestra región se pregona la igualdad de derechos, las mujeres aún debemos ingeniarnos nuevas condiciones para trabajar y atender el hogar. Por casualidades de la vida comenzó a realizar manualidades con las chaquiras, hace más de una década, y fue una ciudadana sueca, amiga de su hija mayor, quien conoció sus artesanías y se convirtió en la promotora de su trabajo a nivel internacional.

Foto: Javier Vallejo Díaz.

Confecciona bolsos, pendones, collares, aretes, anillos, manillas, entre otros, con una gracia especial; combina colores y diseños que le son recomendados por sus clientes, que ella ha observado o que en sus investigaciones ha aprendido. Internet le brinda la posibilidad, tanto de estar informada de técnicas empleadas por los indígenas, como de relacionarse con el mundo, es una herramienta que emplea para explorar, identificar y darle sentido a su creación. Día a día perfecciona su técnica y dice que el 98% de su producción sale de Colombia, porque muchos extranjeros que visitan nuestro país, también la visitan para solicitarle sus productos. Sus obras requieren tiempo, dependiendo del tejido o del tamaño, a esto obedece su costo, pero los extranjeros pagan lo que vale.

Doña Patricia investiga mucho acerca de las técnicas que los indígenas de México y Argentina empleaban para realizar sus adornos, analiza su diseño, sus colores y se inspira para crear algo mejor, por eso muchos le encargan adornos típicos de celebraciones religiosas o diseños con alguna particularidad.

Ella no pretende quedarse con el conocimiento que ha adquirido en este arte, su generosidad le permite compartirlo; por eso invita a quienes quieran aprender a elaborar adornos y diseños con chaquiras a instruirles, quiere compartir su saber, pues considera que al igual que sus alumnas aprende cuando enseña, y si quieren trabajar en su empresa brinda la posibilidad de participar con su trabajo.

Las confecciones cuidadosamente elaboradas con chaquiras y por manos femeninas muchas veces no tienen el uso de antaño, en celebraciones religiosas o como elementos simbólicos de los guerreros, pero poco a poco “MESTIZA” da nuevamente vida a estas piezas tradicionales de algunas culturas indígenas y las da a conocer, rescatándolas del olvido y recreando una identidad.

Foto: Javier Vallejo Díaz.

En la empresa familiar MESTIZA, de Patricia Montenegro y sus hijos, Patricia logró inculcar los valores humanos, venidos a menos en la sociedad actual. Luis Carlos, el hijo mayor, Catalina, Natalia, María y Laura corresponden con trabajo serio y responsable, al esfuerzo de su progenitora. Cada uno de sus integrantes se especializó en las modalidades de artesanía que se producen en MESTIZA. Catalina, por ejemplo, se involucró en una de las técnicas que requieren de concentración y de paciencia por lo dispendioso de su elaboración: la “artesanía con hilos de los indios Huicholes de México”. De esta técnica manual se asume el procedimiento, mas, el diseño es propuesta familiar. Las máscaras, lo mismo que las maracas, los cuadros y los aretes se trabajan sobre un molde de yeso, al cual que pegan uno a uno los hilos de colores que en su arte final se asemejan a una obra de pintura al óleo, de cerámica o bordado. Una pequeña muestra de esta manufactura se presentó en el I Encuentro Internacional de Culturas Andinas y causó admiración por la calidad de sus terminados. De otra parte, Natalia, se encarga de diseñar manillas, pendones y brazaletes con chaquiras. María, ya es una experta en la confección de manillas y mandalas con las multicolores chaquiras y Laura, la menor de las hermanas, cultiva los saberes de su madre, se dedica a procesar con chaquiras, manillas, aretes y un nuevo producto, pequeños “bichos” y animalitos estructurados
con chaquiras e hilos.