Por: Gustavo Montenegro Cardona

Debieron ser como esas parejas que atraviesan la ciudad para encontrarse a la salida del colegio. Él debió ser como esos jóvenes inquietos, creativos, coquetos, con los ojos llenos de brillo de amor por ella

Ella parece conservar la misma sonrisa de hace 30 años cuando lo conoció en el nocturno Marco Fidel Suárez. Hay que imaginarlos caminando de la mano, diseñando un futuro incierto, soñando con los dos hijos que ahora llenan sus vidas. De pronto no pensaron en ser abuelos del nieto que ahora revolotea en la casa, pero sí imaginaron ser el uno para el otro desde esos días en los que visitaban el taller artesanal de Lester Narváez, el papá de él, de Mario. Allá llegó ella, la juvenil Mary Esmeralda Ortega Rojas a sus relucientes 16 años para conocer el oficio del novio que se convertiría en el esposo para siempre.

¿Qué es eso? Preguntó Mary. - Barniz, es Barniz de Pasto, le respondió Mario, con el desconcierto que produce en los maestros el desconocimiento que hay sobre la técnica artesanal más antigua que aún tiene vida en el sur de Colombia.

Hay que imaginarla a ella frente a la resina, frente a las obras que con Maestría decoraba su suegro y con ingeniosa habilidad ya estaba dominando Mario. Ahí me enamoré del Barniz. No sabía de qué se trataba, nunca había visto una pieza o la manera en que se trabajaba, pero tan pronto lo miré en el taller de Mario y su papá, me enamoré",–cuenta la Maestra Mary Ortega conservando la mirada de mujer cautivada por el amor. Para ella quedaron abiertas las puertas de ese hogar repleto de creatividad, de color, de maestranza en torno a la técnica del Barniz de Pasto – Mopa Mopa. Inició, como todas, siendo oficial, disponiendo sus manos para pulir la madera, preparar cola y dejar lista la madera que luego era decorada por las manos de los cuñados, del novio o del Maestro Lester, barnizadores por excelencia.

Ella, entre tanto, se empeñó en aprender, en observar, en preguntar, en hablar poco y en escuchar mucho. Aprendió a dibujar pensamientos, las flores tradicionales que parecen infaltables en el arranque de quienes van conociendo la técnica del oficio artesanal; luego fue el tiempo de elaborar las enredaderas y así hasta que dominó la técnica de elaborar hojas y jardines fantásticos.

Así le pasaron cuatro años de escuela en el mismo taller familiar junto a ese inmenso grupo de 15 oficiales dedicados a mantener viva la técnica que hoy es Patrimonio de la Humanidad.

Entonces le dije a Mario, mi esposo, que ya era tiempo de independizarnos y fue así como decidimos armar nuestro propio taller-. El espacio elegido fue el dormitorio de la casa propia. La estufa en un rincón para ayudar a que la resina pegue de mejor manera en las maderas y abrigar de paso el hogar en construcción. Así poco a poco, Mary, Mario y ahora sus hijos Yeison y María Camila, conformaron su propio taller en el que cada uno explora sus mejores posibilidades.

Son ya 27 años de experiencia en el manejo de la técnica del Barniz de Pasto Mopa Mopa los que ha acumulado la Maestra Mary Ortega, una de las cinco mujeres que tienen firma propia en sus obras, pero una entre muchas mujeres que trabajan junto a los Maestros del Barniz de Pasto que hoy que hoy celebran que esta antigua técnica de excepcional artesanía se haya elevado a la categoría de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, una designación que requiere compromiso, responsabilidad y paciencia, igual al que exige el amor, ese amor que le permite a la Maestra Mary Ortega volar en libertad creativa.

Inició, como todas, siendo oficial, disponiendo sus manos para pulir la madera, preparar cola y dejar lista la madera que luego era decorada por las manos de los cuñados, del novio o del Maestro Lester, barnizadores por excelencia.
Son ya 27 años de experiencia en el manejo de la técnica del Barniz de Pasto-Mopa Mopa los que ha acumulado la Maestra Mary Ortega