La finca de Flor Alba Burbano, además de café y granadilla, también produce curuba, mora y hortalizas, que aprovecha para vender y consumir. Foto: Cortesía Fundación.

Flor Alba Valencia Burbano, Guillermo León Valencia Burbano, José Antonio Gualguan Espada. Tres rostros diferentes que comparten un interés común: producir café. Los tres hablan de disciplina, dedicación, amor y gratitud por el café, el cual les ha permitido sacar adelante a sus familias, lo más importante para ellos.

La finca de Flor Alba se llama Chirimoyo, se encuentra ubicada en la vereda Bermejal, en el municipio de Buesaco, Nariño. Ella es madre cabeza de familia, tiene a su cargo dos hijos: una joven de 17 años, quien está a punto de graduarse del colegio, y un niño de siete años de edad. Su casa queda a 40 minutos del casco urbano, se llega por una vía maltrecha, que se compensa con la tranquilidad y la belleza del paisaje cafetero.

La casa corona el terreno escarpado donde Flor Alba ha construido un mallado para cultivar granadilla; además, debajo de este siembra café, aprovechando la sombra que hacen las grandes hojas de esta fruta tropical. “En este terreno primero fui mediera, cultivaba sobre todo maíz. Un día decidí arriesgarme, sembré granadilla y en la primera cosecha me fue muy bien, pude sacar un crédito para comprar el terreno.

Mis hermanos me insistían que sembrara café, hasta que caí en cuenta de que lo podía sembrar debajo de la granadilla. Primero sembré 2.700 cafetos, esos son los que están ahora produciendo café especial, después sembré otros 1.300 en otro lote que compré con el dinero de la primera cosecha de café, que fue hace un año. El café de calidad lo pagan muy bien, la clave para obtener buen café es la asesoría técnica durante todas las etapas del cultivo, es un proceso largo que necesita de mucha dedicación. Mi sueño es producir más café para dejar algo a mis hijos, quiero que los niños no sufran como yo, quiero darles su estudio para que salgan adelante. Ese es mi sueño, verlos salir adelante”.

El rostro de Guillermo León muestra siempre una sonrisa, aunque ha vivido momentos difíciles. Ahora dice sentirse más tranquilo y fortalecido porque producir café especial con la asesoría técnica adecuada ha disminuido los riesgos y el temor de que el café se pierda; es más, se siente capacitado para aconsejar a sus amigos y que logren obtener café de alta calidad. El primer acercamiento de Guillermo León al café fue a los siete años y fue a través de su abuelo, quien plantaba cafetos de porte alto y por esta razón construyó una escalera para que los niños cosecharan el café y así no lo estropearán los adultos.

Desde eso han pasado 50 años. Ahora, en su finca Cuchilla Loma Gorda, en la vereda Veracruz del municipio de Buesaco, Guillermo León se prepara para participar en el concurso Taza de la Excelencia, “el año pasado concursé y quedé entre los 15 primeros. Me ilusiona sacar el primer puesto, ya que he corregido los errores de la producción de café del año pasado. Quiero dejar el recuerdo en mi familia de que se luchó y se luchó hasta hacerse reconocer. Del premio no me interesa tanto el dinero, como sí el reconocimiento al esfuerzo que hago cada día. Eso sería lo más bonito, pero ya está pasando, ya soy reconocido, porque recibo visitantes de todos los lados del mundo: japoneses, coreanos, norteamericanos, ingleses. Eso me llena de orgullo”.

Guillermo León Valencia ocupó el decimotercer puesto en el concurso Taza de Excelencia 2017, con una puntaje de taza de 88,19 puntos.

El rostro de José Antonio Gualguan revela una personalidad silenciosa, tímida y sobre todo trabajadora. Cuando habla, lo hace de manera tranquila y cuenta con mucha alegría su papel en el posicionamiento del café de Buesaco a nivel internacional —en el 2010 fue el ganador del concurso Taza de la Excelencia—.

Recuerda muy bien el día que decidió sembrar café, ya que este grano le cambió la vida: pasaba por un mal momento económico, tenía 6 hijos pequeños y además tenía problemas de salud después de trabajar en una ladrillera. En algún punto se planteó ir a trabajar a Cali, pero no lo hizo, no iba a abandonar el campo, donde, a pesar de las dificultades, vivía tranquilo.

Con mucho esfuerzo, y apostando por la calidad del café, salió adelante. “He tenido que aprender mucho, pero lo he logrado gracias a la asistencia técnica. Producir café de calidad es un trabajo difícil, tiene riesgos. He perdido muchos lotes por diferentes razones, pero a pesar de eso sigo convencido de que lo mejor que se puede hacer es sacar café de calidad. Es cuestión de amor y dedicación”.

José Antonio Gualguan fue el ganador de la Taza de Excelencia 2010 con un puntaje de taza de 94,92 puntos, puntaje que no ha sido superado en la historia del certamen a nivel nacional. En el 2017, en el mismo evento, ocupó el quinto puesto con un puntaje de taza de 90,19 puntos.