En el contexto de la actual pandemia es imperativo reflexionar acerca del papel de los seres humanos en la naturaleza, porque somos parte de ella

Por: MSc. José Vicente Revelo Salazar Director Asociación para el Desarrollo Campesino -ADC-

Procurar manifestar la divinidad, sin creernos divinidad, sin creernos los dueños y amos absolutos de lo que nos rodea, permitirá respetar todas las formas de vida. Ya nada de lo que habíamos planificado realizar hasta antes de la pandemia, lo podemos desarrollar tal como lo pensábamos.

Es la oportunidad para redireccionar el rumbo de nuestro actuar, pero, para ello debemos partir de conocer nuestro entorno natural, para poderlo amar y defender. A pesar de vivir en un mismo territorio, debemos reconocer con humildad, que aún no lo conocemos y allí radica gran parte de nuestras decisiones equivocadas, que pretenden, además, obtener un beneficio individual por encima del interés colectivo.

La naturaleza nos invita permanente a enfrentar cambios profundos, es así como después del ataque de la peste negra a la humanidad, se dio origen al renacimiento, una reorientación a nuestro actuar, dejando ver otros potenciales que tenemos todos los seres humanos Este es el momento del cambio de paradigmas, aceptar que en el mundo los modelos se han equivocado y nos exige una nueva manera de pensar y actuar, donde se favorezca y respete la vida y podamos satisfacer de manera respetuosa, gradual y en forma creciente, las necesidades humanas fundamentales.

Muchos conocemos al lago Guamués o Cocha, YXCATIXIU en lengua Náhuatl, fue el primer nombre del pueblo localizado en la alta montaña que traduce “Señora preciosa del corazón del agua, de la fertilidad y del tiempo” o “Diosa hermosa del corazón del agua lluvia”. Y luego se conoció en la historia, simplemente como La Laguna, para después en 1850, empezar a llamarse San Pedro de la Laguna. Este ecosistema se encuentra en el distrito de bosques andinos de Nariño – provincia biogeográfica Norandina, con un rango altitudinal entre 2.500 a 3.500 msnm; es el reservorio más grande de agua dulce del departamento de Nariño, con cobertura vegetal de bosque natural primario intervenido, con presencia de bosque secundario, páramos azonales, llamados así por encontrarse en un rango altitudinal más bajo de lo común, convirtiéndolo en uno de los ecosistemas únicos que subsisten en el mundo.

A partir del año 2000, en un verdadero ejercicio de gobernanza, se reconoció como Humedal de Importancia Internacional RAMSAR, donde se alberga el Santuario de Flora Isla La Corota: El Parque Natural Nacional más pequeño de Colombia; reconocido como un Área de Importancia para la conservación de las Aves (CO166), una Reserva Forestal Protectora del país y un lugar sagrado para las comunidades indígenas Quillasingas y campesinos habitantes de este ecosistema de alta fragilidad por su estructura y función.

De manera silenciosa y desmedida se talan los páramos para darle paso a labores agrícolas y de producción pecuaria

El elevado nivel de sensibilización y concientización ambiental de algunos pobladores dio origen en la Cocha para Colombia y el mundo de un acuerdo local, que posteriormente se convirtió en política pública y se conoce hoy como Reserva Natural de la Sociedad Civil, lugar donde se conjuga la producción de alimentos con la conservación de la biodiversidad. Lamentablemente, también existen pobladores que, por desconocimiento e insatisfacción de necesidades humanas fundamentales, ejercen presión sobre estos ecosistemas y caen en la ambición de convertirlos en tierras aptas para cultivos comerciales y explotación pecuaria extensiva, utilizando cualquier tipo de forma tecnológica agresiva con la naturaleza.

Los esfuerzos por controlar el fuego por parte de algunos moradores y cuerpos de socorro, no fueron suficientes

Es así como se salen del control algunos de estos modos de producción como la quema, actividad heredada de algunas regiones de Europa, quienes producto del desconocimiento de cómo obtener abonos, practican la tala e incineración del material vegetal para convertirlo en tierras “productivas”.

Desde hace más de 70 años se tumba el monte para dar paso a potreros, se explotan especies maderables como pino colombiano (Podocarpus sp), Encino (Weinmannia), para producir carbón Mate (Clusia sp) y Arrayán, entre otras.

El reciente incendio forestal sucedido el 27 de Noviembre de 2020 en la vereda Santa Isabel del corregimiemto de El Encano, deja ver el grave daño ecológico hecho a la cobertura vegetal donde especies de frailejones, helechos, chupallas, licopodios y musgos, entre otras especies, nos hacen sentir de luto por la tragedia para un País, que gracias a un modelo extractivista de producción, está arrasando con ecosistemas únicos y donde un ser vivo con promedio de edad de 60 años, ocasiona daños irreparables al entorno de muchos años de conservación.

Los esfuerzos por controlar el fuego por parte de algunos moradores y cuerpos de socorro, no fueron suficientes. Miraban con impotencia la pérdida de frailejones, especie emblemática de la zona, cuyo crecimiento promedio es de un centímetro por año, en ecosistemas que, dadas sus características, son de los únicos que todavía existen en el mundo, ya que los frailejones únicamente nacen en alturas que oscilan entre 2700 y 2800 msnm.

Con preocupación hemos visto con el paso de los años, que las presiones sobre este entorno natural de belleza paisajística sinigual, van en aumento. Se evidencian labores de producción de carbón, extracción de madera, helechos y en el espejo de agua, un aumento desmedido de proyectos de producción de trucha arco iris bajo el sistema de Jaulas Flotantes, obras de infraestructura que hacen aumentar los niveles de sedimentación natural. Así como de manera silenciosa y desmedida es la tala indiscriminada para darle paso a labores agrícolas y de producción pecuaria, como si el ecosistema soportara tal explotación mediante el establecimiento de monocultivos característicos de modelos equivocados de revolución verde que aún subsisten en el mundo.

Es urgente potenciar a nivel familiar el diseño e implementación de arreglos productivos en agroecosistemas, con aplicación de principios de agroecología, “entre más se parezca el agroecosistema al ecosistema más próximo, más probabilidades tendrá de ser sostenible en el tiempo”.

Los delitos ambientales en la Cocha siguen en aumento y las autoridades encargadas de ejercer control ven limitado su accionar por la falta de competencia. En Nariño no existe una seccional de la Fiscalía ambiental que de celeridad a las innumerables denuncias existentes. Aunado a ello no existe una política de protección de ecosistemas frágiles, ausencia de planes, programas y proyectos que aporten al manejo sostenible de recursos que sean construidos de manera colectiva con los habitantes de la zona, orientados a aportar en la seguridad alimentaria y la conservación de la biodiversidad.

Con gran esperanza vemos emerger iniciativas en Nariño como el Observatorio de Delitos Ambientales, que pueden contribuir de alguna manera a generar la conciencia que se necesita para conocer, amar y proteger la vida en todas sus formas en nuestro territorio compartido, así como iniciativas interculturales que fomenten la sensibilización y concientización ambiental con alternativas sostenibles de generación de alimentos sanos, respetando las interacciones del entorno, hasta poder, porque no, generar ingresos, no solo por la venta de productos frescos y transformados, sino también por la oferta de servicios de turismo rural. Las familias al producir lo que necesitan, no se ven obligados a gastar y esa es otra forma de hacer economía en la región, con respeto y creatividad para alcanzar el bienvivir.

EL año viejo

Dar cierre a un año que termina siempre implica hacer un balance, una evaluación de cuáles fueron las metas logradas durante esos doce meses, cuáles quedaron pendientes, qué cosas aprendimos. Este 2020 es a todas luces un año atípico, diferente, donde apenas iniciando se cambiaron todos los planes de estudio, trabajo, familia, viajes. Tal vez parezca que todo fue negativo, pero hay muchas razones para decir que fue bueno: la oportunidad de compartir más con los seres queridos, enfrentar retos laborales y educativos, ser más solidarios y sobre todo la capacidad de resiliencia que tenemos los seres humanos.

Sin duda alguna, uno de los principales beneficiados con la pausa obligada y prolongada que trajo la pandemia fue el planeta, la naturaleza. Después de siglos de explotación, lugares como playas y bosques tuvieron un respiro y así mismo, las especies que la habitan. Y es por esta razón que entregamos la segunda edición temática en homenaje al ambiente y el desarrollo sostenible, invitando a que este respiro que hoy tiene planeta, se lo demos de manera voluntaria y no obligada. Desde la comunicación apostamos por la educación y una de las maneras de hacerlo es precisamente con el ejemplo, el ejemplo de organizaciones, instituciones y empresas verdes que compartimos con ustedes, la razón de ser de Voces de Nariño.