Por: Patricia Salazar Figueroa

Informe especial desde Berlín para Voces de Nariño.

Como un compendio de lecciones muy amargas, de consecuencias  dramáticas y efectos judiciales todavía por fallar, consideran las  autoridades del centro de Europa haber ignorado la altísima  peligrosidad de las llamadas zonas calientes –hotspot-

En ninguno de los casos que ocupa a científicos e investigadores, un aeropuerto o terminal de  transporte terrestre se encuentra en  la mira de sus pesquisas como zona  caliente de contagio, sino que lo son  aquellos lugares caracterizados por ser  epicentro de alto nivel de concentración y permanencia en él, de personas  de diferente procedencia, bajo escenarios de magra o nula actividad de control, registro e información de contacto  ulterior por parte de representantes de  organismos gubernamentales, que se  ocupaban y ocupan de la pandemia.

Ischgl, una paradisiaca comarca de  1617 habitantes localizada a 1.377 metros sobre el nivel del mar, adscrita a los  Alpes austriacos, es un paradigma de  hotspot ya determinado como responsable sobresaliente de la transmisión del  contagio con el coronavirus en Austria,  Islandia, Alemania, Dinamarca, Suecia,  Inglaterra y Noruega.

Pero, ¿cómo puede haber sido un  pueblo chico e incrustado en la majestuosidad de la mayor cordillera europea,  un foco de infección para más de cinco  países industrializados? La respuesta se  encuentra en la naturaleza del sitio y en  la condición de haber pasado inadvertido  y por lo tanto desantendido durante por  lo menos tres semanas cruciales de los  meses de febrero y marzo por las autoridades sanitarias y administrativas de  Austria.

Ischgl es en Europa sinónimo de lujosas vacaciones en la nieve, de la práctica de deportes de invierno como el esquí  en 239 kilómetros de pistas sofisticadas  y del disfrute de largos encuentros nocturnos en los bares y restaurantes del  pueblo, con locales de estilo rustical  acondicionados para ofrecer exquisitas sensaciones de exclusividadad y opulencia a turistas y deportistas acaudalados de Europa, que encontraban en  la comarca un refugio inmejorable para  escapar de sus rutinas en un ambiente  compartido solo con sus pares sociales.

Al ajustar el foco de sus investigaciones, los científicos y virólogos de institutos como el Robert Koch germano y semanarios de investigación periodística  como Der Spiegel, han encontrado que  mientras en los primeros días de marzo  Italia y España ya se confrontaban con  la pandemia y contaban sus muertos, en  Ischgl la fiesta Aprés-Sky seguía, y con  ella el constante flujo de visitantes que  en la noche mezclaban su sudor de baile  y aeorsoles bucales apretujados en las  barras de bares como el Kitzloch, donde  trabajaban meseros que comenzaron a  presentar síntomas de fiebre y complicaciones respiratorias alrededor del cinco de marzo, sin que se les practicara  el test para coronavirus. Días antes, el  gobierno islandés ya había declarado al  pueblo austriaco como sector de riesgo, al constatar que 15 conciudadanos infectados habían permanecido en el sitio  en las semanas anteriores y habían contagiado a cerca de 85 personas de su  entorno familiar y social en el periodo de  desconocimiento de la enfermedad, los  que, a su vez, habían transmitido el virus  a un centenar más. Similares medidas  de alerta fueron lanzadas, consecutivamente, por dependencias de Noruega,  Dinamarca, Suecia, Irlanda y Alemania  con evidencias basadas en testimonios  de viajeros contagiados procedentes de  ese hábitat recreacional.

Los días transcurrían y las deliberaciones sobre cómo combatir la epidemia  aumentaban en toda Europa, pero todavía Ischgl dejaba entrar y salir a sus visitantes y personal de servicio, hasta el 13  de marzo cuando por una orden judicial  emanada de Viena, todas las locaciones  y el pueblo entero fueron clausurados.  Tales medidas, por supuesto, resultaron tardías. Para entonces, la ruta de  contagio procedente del centro de esquí ya se había difuminado por varios países, y medidas extremas tomadas,  por ejemplo, por el gobierno alemán, de  cancelar eventos masivos como la feria  internacional de turismo, ITB, se había  producido el 29 de febrero, con anterioridad de catorce largos días al cierre de  la pavorosa zona de brote en los Alpes  austriacos.

¿Cómo puede haber sido un  pueblo chico e incrustado en  la majestuosidad de la mayor  cordillera europea, un foco de  infección para más de cinco  países industrializados?

Virólogos del hospital universitario  Charité, de Berlín, explican que al despojar a la intrahistoria de Ischgl de sus  atributos de riqueza y exclusividad es posible llegar a la esencia de una de las lecciones irrebatibles que está dejando esta  pandemia, a saber: la responsabilidad de  las entidades de administración política,  administrativa y judicial de toda región  de concentrarse en ubicar los hotspots  en cada territorio y aplicar en ellos los  mayores esfuerzos de atención y contención. Esto, bajo la premisa de que las  llamadas zonas calientes son aquellas que, por una u otra razón, son susceptibles de pasar desapercibidas y por tanto  desatendidas.

Todo hotspot bajo control Las medidas aplicadas en Alemania,  desde el once de marzo, por el comité  de crisis del gobierno germano, presidido por Angela Merkel han garantizado  a su población, en lineamiento conjunto  con sus socios de la Unión Europea, tener bajo control todos las posibles zonas  de brote, lo que incluye, con ahínco, las  fronteras terrestres y pasos verdes entre  los países vecinos, puesto que la ”existencia de un solo hotspot desatendido  es un error inexcusable” que relativiza o,  incluso invalida otras cadenas de esfuerzos como las cuarentenas y restricciones  de contactos sociales, ha expresado, la  mandataria germana.

El liderazgo de Merkel, doctora en física, quien es asesorada por científicos  especializados en virología de los citados  Instituto Robert Koch y el hospital universitario Charité, también se basa en una  efectiva estrategia de comunicación de la  crisis a su población, lo cual, más allá de  convertirla en un ídolo mundial, le ha representado alcanzar la primera posición  en la lista de mandatarias y mandatarios  del mundo que han logrado, hasta ahora,  aplanar la curva de contagio, reconstruir  las cadenas de infección y mantener en  niveles muy bajos las cifras de mortandad y de casos críticos en el tratamiento  de la enfermedad.

“Un hotspot es aquel punto  que, por una u otra razón, es  susceptible de pasar desapercibido y por tanto desatendido,  como podría estar sucediendo  en nuestro país con las zonas  de frontera”

El 18 de marzo, durante su segunda  intervención ante sus gobernados sobre la materia, y después de constatar  que ante el grave peligro la gente toda vía se comportaba con indiferencia ante  la amenaza, ella pronunció un mensaje  que produjo un cambio de ciento ochenta grados en la actitud de los germanos.  Con tono calmo y directo, Merkel no sucumbió a las tentaciones de la política  de asumir tener los ases de solución bajo  la manga o asegurarle a la gente que el  poderío del país, su robusto sistema de  salud, sus importantes reservas de dinero, alimentos y medicamentos, posibilitarían superar la crisis de forma rápida.  Todo lo contrario, su estrategia consistió  en bajar considerablemente el nivel de  confianza en la abundancia existente en  el país, para concientizar a la gente sobre el papel que cada ciudadano debía  cumplir en la mitigación de la pandemia.

Cristina Mendoza Weber (izq) y Patricia Salazar Figueroa (der) escribieron el libro sobre la mandataria alemana (centro) titulado "AngelaMerkel, la física del poder"

Ese papel ha consistido en someterse  voluntariamente y adaptarse a la nueva  modalidad de vida bajo restricciones de  contactos sociales y familiares, la guarda  estricta de distancia de dos metros entre  una y otra persona y la observación de  normas de higiene como lavado frecuente de manos y desinfección corporal. De  hecho, al pronunciar ese día que entre el  60 y 70 por ciento de la población resultaría infectada con el virus, Merkel consiguió que la gente asumiera el desafío  de ingresar en el treinta por ciento que  no lo adquiriría. Su poder de seducción  basado en un formato de gobierno sobrio y bien asesorado, puso de su parte la capacidad de disciplina de la gente y  le aseguró un margen de acción al Gobierno para activar los planes de contención de las crisis económica y social  asociadas, sin remedio, a una pandemia;  apertura de créditos sin intereses, ayuda  inmediata destinada a los sectores más  golpeados por la paralización del país,  instalación de corredores e iniciativas solidarias, entre otros.

Así, tanto el sector de la gastronomía,  como el de la recreación y el educativo,  se preparan para abrir sus puertas bajo  protocolos estrictos de registro.

Por ello, compartir algunas de las  principales lecciones y destrezas de  otras latitudes es la motivación principal de Voces de Nariño en Cuarentena  que presenta a la ciudadanía nariñense  un Informe Especial desde Alemania a  manera de contribución a la región para  acceder a información de primera mano,  que sirva de orientación e instrucción,  para lograr juntos, con disciplina, actuaciones de protección reflexivas y certeras, alcanzar la meta conservar la salud,  ejercer el derecho a la crítica constructiva y de alarma cuando percibamos la  desatención a zonas calientes de brote,  hotspot, en nuestra región y de avance  hacia escenarios de nueva normalidad,  sin pausa en el tiempo, hasta cuando por  fín podamos volver a toser tranquilos y  libres del Covid-19.