Edwin Ortega, Jorge Chávez, Guillermo Cuacés Virlak y Miguel Ángel Tulcán son cuatro reconocidos artesanos que han escogido la madera como la materia prima de sus creaciones. Los dos primeros se han destacado en la técnica del torneado, mientras que los otros dos, en la talla. Si bien los cuatro han pasado su vida dentro de talleres donde el aserrín flota en el ambiente, las piezas que salen de sus manos no podrían ser más diferentes las unas de las otras y son muestra de la destreza e inagotable creatividad del artesano nariñense.

En el taller del maestro Edwin Ortega, hay un jarrón que ha sido torneado y que tiene una forma alargada. El jarrón tiene incrustados fragmentos de madera de diferentes colores que forman una cenefa con un motivo precolombino. El artesano explica que esta técnica se llama ‘taracea’, la cual se puede hacer de dos maneras: perforando e incrustando, o enchapando directamente las láminas de madera. Sus piezas se destacan por tener un diseño moderno, pero que es fiel a la identidad regional, de ahí, su predilección por los motivos precolombinos.

A su vez, el maestro Jorge Chávez cuenta que aprendió la técnica del torneado en madera por tradición. Durante un tiempo fue artesano base para decoradores de Barniz de Pasto mopa mopa y Tamo, pero se decidió a hacer sus propias piezas, a “jugar con el torno”, dice. De ese ‘juego’ se destacan sus contenedores descentrados, que han gustado mucho en las diversas ferias en las que ha participado. Por otro lado, el maestro Guillermo Cuacés Virlak ha sobresalido en el campo de la escultura en ferroconcreto y en madera. En el Museo Taminango está expuesto un cuadro en relieve de madera que reproduce algunos episodios de la insurrección comunera de 1800. El maestro explica que este evento siempre ha estado entre sus intereses creativos porque considera que debería ser más conocido entre las personas. En ese sentido, se puede considerar que su trabajo es un ejercicio de memoria. Finalmente, el trabajo del maestro Miguel Ángel Tulcán también es una muestra de la diversidad creativa, siempre basada en la identidad regional. A través de punzones, formones y gubias, el artesano da forma al pino para que se asemeje a la hoja de un árbol.