"Nuestros productos son identidad, son cultura. Lo que compartimos en ellos es un fragmento de nuestra historia"

De su abuela, además de la técnica, aprendió que la vida también es un tejido que hacemos nosotros mismos. “Vamos cruzando las hebras en doble, vamos subiendo, hacemos el paso de la urdida, si nos equivocamos en una parte, no nos va a salir el tejido, no queda bien”, esa es la comparación que Ofelia escuchaba mientras aprendía la que sería su profesión, de la que se siente muy orgullosa: tejedora. Desde muy niña se interesó por ese arte al que se dedican muchas mujeres de su comunidad, miraba a su abuela urdir, tejer con destreza, y su sueño era poder hacerlo con igual fluidez.

El tejido en guanga es una de las tradiciones ancestrales que las culturas indígenas de Nariño aún conservan. Con la lana de oveja fabrican ruanas, cobijas, bufandas, mochilas, y gran variedad de accesorios. Unirse para fortalecer el valor de esta tradición, se convirtió en el propósito de Ofelia y otras mujeres de su comunidad, y el primer paso para cumplirlo lo dieron en el año 2015 cuando el gobernador, con el apoyo del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, hizo una convocatoria dirigida a todos los actores de cultura del resguardo, entonces los grupos de danza, de música, y de artesanos y artesanas, se organizaron en equipos de trabajo.

El tejido en guanga es una tradición ancestral que las culturas indígenas del territorio aún conservan

Lograron tal armonía produciendo de manera colectiva su arte, que en 2016, las tejedoras de guanga decidieron crear la asociación Tejiartes Mueses, cuyo lema es: “Tejiendo, urdiendo, y cultivando sueños”.  Avanzar como asociación les ha permitido ampliar su visión, "entender que nuestros productos son identidad, son cultura, que lo que compartimos en ellos es un fragmento de nuestra historia".

El conocimiento que heredaron lo han enriquecido con capacitaciones que el SENA y otras entidades les ofrecen, lo que también les ha brindado herramientas para organizarse creando una dinámica propia, para establecer normas y acuerdos. La clave ha sido la constancia de las 20 mujeres que pertenecen a la asociación, (casi todas cabeza de hogar), que con la venta de sus creaciones solventan las necesidades de sus hogares. “Una vez al mes nos reunimos con el fin de realizar un diagnóstico y evaluar cómo avanzan los trabajos y hacer propuestas, dividimos el trabajo, compartimos ideas. Hacemos minga de pensamiento y de ahí salen nuevas metas y oportunidades en nuestro trabajo.

Por ejemplo, para Diciembre ya nos propusimos hacer todo lo de Navidad, lo estamos trabajando con anticipación.”

Los vistosos colores, los diseños, la armonía de las prendas y accesorios, hacen que quienes luzcan sus prendas, porten una artesanía de alto valor cultural e histórico. Cada adquisición las motiva a continuar con su trabajo de manera profesional y dedicada, se sienten orgullosas de lo que hacen, así lo manifiesta Ofelia: “algo que a mí me motiva mucho es, por ejemplo, pedidos como el que nos hicieron de unas mochilas en Tumaco, cuando llegaron allá nos llamaron para decirnos que habían quedado encantados con el trabajo, y que nos comprarían más. Es algo muy bonito ver cómo un cliente satisfecho trae más, que es lo que ha pasado”.

"Desde que ingresé en el año 2016 a la Mesa, ahora sabemos que no debemos soportar violencias psicológicas, físicas, ni quedarnos calladas.”

Ofelia vive con su esposo y sus tres hijos hombres de 11, 13 y 16 años, quienes aprendieron con sus padres a elaborar bufandas, ruanas, bolsos, cargaderas de guitarra, y manillas, entre otros. Para eventos y ocasiones especiales hacen piezas como llaveros, aretes, y variedad de detalles únicos por su elaboración y origen. El amor por su tierra, por el campo y el resguardo está presente en cada actividad y creación de la asociación, no quieren salir de allí, pero sí que su trabajo lo haga y llegue muy lejos. Ofelia se muestra agradecida por haber sido incentivada en la participación social, eso le cambió la vida porque según ella misma, "nunca pensé antes en una proyección más allá del resguardo, el poder dar a conocer nuestro arte en otros lugares".

El conocimiento de sus posibilidades como mujer para liderar iniciativas y proyectos, así como de las rutas de atención que le permiten empoderarse, la han llevado de ser silenciosa y poco activa socialmente, a hablar con propiedad para invitar a otras mujeres a buscar apoyo cuando son víctimas de alguna forma de violencia, y a ser autónomas desarrollando talentos y capacitándose. Hace parte de la Mesa Municipal de Mujeres de Potosí, porque desde que descubrió estos espacios quiere aprovecharlos al máximo. En sus palabras, “antes no sabíamos que había leyes, apoyo específico para nosotras, entonces ha sido un proceso bonito desde que ingresé en el año 2016 a la Mesa, ahora sabemos que no debemos soportar violencias psicológicas, físicas, ni quedarnos calladas.”

La autenticidad y lo ancestral de sus productos, son su carta de presentación; ahora lo que buscan es mayor promoción para comercializar a nivel departamental y nacional, por lo pronto. “Nuestros diseños son elaborados para todos los gustos: en un solo tono o coloridos, con figuras grandes o pequeñas, porque las personas son muy ligadas a la cultura, les gusta con diseño a los lados, o les gusta con fleco, y eso es lo importante, que se refleje nuestra identidad”, explica Ofelia, quien también hace mención a la simbología propia de su comunidad, que plasman en cada elaboración, el sol de los Pastos, el arco iris o el “churo cósmico, que representa nuestro mundo, el mundo de arriba, del medio y de abajo, los tres mundos”.

Manejan la lana hilo, lana sin pelo, lana cable, lana jazmín, y principalmente lana de oveja, que es la única que producen ellas mismas, ya que las otras se compran porque son las indicadas para determinados productos, como el hilo guajiro para las mochilas que se elaboran en agujeta y en guanga.

A manera de despedida, Ofelia reitera que el mayor anhelo suyo y de las mujeres de la asociación, es poder llegar cada vez a más lugares con su trabajo, y también hace un llamado a la comunidad nariñense para que “valoren y rescaten lo artesanal, lo que las mujeres indígenas hacemos con nuestras manos, y de esta manera seguir cultivando y enriqueciendo nuestras tradiciones”.

La armonía de las prendas y accesorios, hacen de ellos una artesanía de alto             valor cultural

El amor por su tierra, por el campo y el resguardo está presente en cada actividad y creación de la asociación, no quieren salir de allí, pero sí que su trabajo lo haga y llegue muy lejos.

Con la lana de oveja, Ofelia y todas las tejedoras de guanga fabrican ruanas, cobijas, bufandas, mochilas, y todo tipo de accesorios