Ya es hora de pasar del discurso a la práctica, desde la política pública Departamental en equidad de las mujeres nariñenses.

Por: Alejandra Guerrero. Fondo Mixto de Cultura de Nariño.

En 2007, el municipio de Pasto adoptó la política para las mujeres y la equidad de género, y planteó un escenario posible, con una estructura social y cultural, en la cual las relaciones de poder sean equitativas entre las mujeres y los hombres de la ciudad, y en 2009 se aprobó la Política Pública Departamental para la equidad de las mujeres nariñenses, sobre la base de la dignidad humana, la justicia social, la equidad, diversidad, y la construcción de paz. El tema de género inició a partir de un espacio dado en la Gobernación de Antonio Navarro Wolff y, específicamente, con los cabildos abiertos y diversos escenarios de participación comunitaria, donde se pensaba y soñaba en crear un componente de equidad de género dentro del plan de desarrollo.

Esta iniciativa se fortaleció con la estrategia de la cooperación internacional que tuvo en cuenta la diversidad cultural y las realidades que enfrentaban las mujeres en cuanto a la inequidad, las violencias basadas en género, la invisibilidad en su rol como actores políticos y sujetos de derecho.

La construcción de la política pública de género departamental requería de una alianza, desde la unión, disposición, participación del ser mujeres en medio de la diversidad. Con respecto a esto Lilian Rodríguez, coordinadora de la Oficina de Política Social, estima que uno de los mayores resultados ha sido la generación de una alianza entre la institución pública, las ONG, la cooperación internacional y las otras organizaciones, “Entendemos que cooperar es apostarle a esa estrategia, cooperamos más entre muchos otros desde la diferencia”.

El territorio se articula en ese ser mujer, y comienza a verse como un primer logro la designación de un rubro específico para las mujeres. Al respecto, María Gines Quiñones dice, “Un punto de ganancia es que el tema de mujer compartía un rubro con la población vulnerable, cuando se trabaja en las mesas sectoriales, y cuando se trabaja en las mesas para el plan de desarrollo, se logra que se establezca que las mujeres no somos población vulnerable sino que somos un sector poblacional”. Al ser un sector poblacional el tema de mujer se posicionaba de manera particular en cada uno de los ejes del plan de desarrollo, siendo la mujer fundamental para el desarrollo económico, político, ambiental y social.

Cuando hablamos de la mujer nariñense, la palabra diversidad y su reconocimiento ha sido una fundamentación de la política pública de mujeres; por eso, se pensó en las subregiones, desde sus características y procesos particulares. Desde allí surge la metodología y la mirada pluricultural de la Escuela de Género, que significaba representar el ser mujer desde las diferencias, y ponía uno de sus más grandes retos,
“ser amigas y mujeres desde la comprensión de la mujer, del Pacífico, Cordillera Andina y del Pie de Monte costero.

La existencia de una escuela de género era un espacio para el aprendizaje, para la narración de la realidad y para construir ciertas rutas que visibilicen el rol de la mujer como constructora de paz. La escuela de género se posicionó como escenario de capacitación, cuyo objetivo era comenzar a escribir la política de género departamental. Para la construcción de la política se hizo un diplomado que trabajó
ocho ejes temáticos: conceptualización de género, desarrollo personal de autoestima, derechos humanos y derechos de las mujeres, violencias de género y prevención, construcción de política pública para las mujeres, desarrollo organizativo, desarrollo regional y, por último, empresarismo y emprendimiento.

En este proceso, que involucró una formación integral basado en la sostenibilidad, fueron las mujeres quienes tuvieron que apropiarse y empoderarse de este propósito, fortaleciendo con ello a las organizaciones de base, en su rol en el desarrollo local y regional. La escuela de género es un espacio de interlocución para la amistad. Rosa Elvia Enríquez, perteneciente a la mesa departamental de mujeres, cuenta que esto no es sólo un proceso de mecánica, “en cada reunión habitan seres humanos, mujeres que se reunían con su historia de vida, con su crítica y sonrisa a pensar soñar y exigir una mejor región para la mujer”.

Ahora, y luego de un trabajo de sueños, los retos se avizoran con una política construida, que debe trascender del discurso a la práctica, para que ellas mismas comiencen a incidir en época electoral y los procesos de empalme. Mireya es una mujer del Pacífico que destaca que el triunfo del trabajo de la Escuela de Género,
de la Mesa Departamental de Mujeres, y de la Política Departamental para la Equidad de las Mujeres, está en el riesgo de romper los esquemas de una historia excluyente; ahora mujer y política comienzan andar juntas e inseparablemente. Ahora el compromiso de las y los mandatarios elegidos debe concretarse en apostarle a estos esfuerzos que parten desde una realidad por transformar.

María Gines Quiñones dice que la incidencia política debe entenderse como el hecho de que las mujeres desde sus localidades, desde lo más pequeño, desde sus juntas de acción comunal, organizaciones y sus gobiernos locales, empiezan a ser significativas dentro de lo político, exigiendo, que exista una dependencia que trabaje los temas de género, exigiendo que las autoridades y las instituciones, respondan, como debe ser a la normatividad que defiende los derechos de las mujeres. “Si las mujeres llegan a un respeto de sus derechos, estarían en igualdad de condiciones; es difícil pero no imposible, esa ha sido la estrategia y lo que se ha esperado en todo ese proceso”.

Los aprendizajes han sido múltiples, pero ahora los retos ponen en ejercicio a las mujeres nariñenses para incidir y participar en la política, un ejercicio de ciudadanías activas desde las mesas subregionales y los procesos locales. “En esta nueva etapa se debe iniciar reconociendo lo local para la implementación de las políticas públicas, que nos permitan hacer incidencia fuerte con las y lo candidatos, formalizar y asegurar un camino claro para que esto se incorpore en planes de desarrollo, planes de vida, planes estratégicos, planes comunitarios”, agrega Lilian Rodríguez.

"Como mujeres nariñenses nos decidimos a caminar con derechos, sin miedo alguno, exigiremos nuestra representación para construir paz, iremos marcando con hechos y acciones, enfrentaremos la historia de la inequidad, dando el abrazo, dando                    la luz con la palabra”.