Desde 2013, el colegio San Francisco Javier inició un proceso de innovación pedagógica con una meta: lograr que al tiempo que los niños y jóvenes adquieren conocimientos en la teoría, los apliquen en la práctica pensando en construir la región, el país,  y el mundo     que quieren.

Que las nuevas generaciones adquieran una consciencia más clara de su papel en la transformación de su entorno, es la base de la Innovación pedagógica desde la espiritualidad Ignaciana.Se trata de contemplar cómo Dios está presente en la
naturaleza, en la creación, en la humanidad, en el universo y en sí mismos, para “Crear mejores seres humanos, porque el conocimiento es fácil de adquirir, pero se necesita gente de buen corazón que aplique esos conocimientos en favor de esta nueva sociedad”, como explica María Cristina Chamorro, madre de una estudiante. En la espiritualidad ignaciana es claro que Dios crea habitando en la criatura, aconteciendo en ella. Los proyectos integrados, el aprendizaje cooperativo, los aprendizajes en contexto, las Salidas Pedagógicas Integrales (Sapein), el gobierno estudiantil y los proyectos de planes de vida, son pequeños laboratorios de experiencias exitosas con las que la comunidad estudiantil del colegio javeriano contribuye al acto               creador  de Dios.

Ahí radican los retos de la educación pertinente, de la innovación pedagógica, de la planeación estratégica para aportar a la región y sociedad que se quiere construir, porque solo teniendo clara la meta se puede estructurar un camino para alcanzarla. Para Paola Caicedo Arroyo, docente del colegio, la innovación pedagógica “en realidad rompe todos los esquemas de la educación tradicional que se ha impuesto desde hace mucho tiempo. La innovación implica repensar la educación, repensar los procesos tanto de enseñanza como de aprendizaje, y aquí en el colegio el estudiante no es el único que está en proceso de aprendizaje, somos todos nosotros porque esto es una construcción colectiva de toda la comunidad javeriana”. La innovación implementada en el colegio San Francisco Javier tiene como antecedente y referencia la experiencia de otras instituciones educativas de la Compañía de Jesús en España con el proyecto Horizonte 2020, un nuevo modelo educativo en el que los estudiantes son más autónomos, el trabajo es colaborativo, y los profesores, en vez de dar las respuestas, hacen preguntas que incentivan y guían a los alumnos para que ellos mismos               las respondan.

“De alguna manera es una invitación a “desaprender” y pensar diferente”, explicó Jorge Luis Coronado, coordinador académico de los grados primero, segundo, tercero, sexto y séptimo, y agregó que desde su perspectiva, dejó de ser el rey de su propia asignatura para abrirse a aportes que desde otras disciplinas le hacen sus compañeros, porque “interactuar con otras asignaturas termina por hacernos aceptar que no hay áreas más valiosas o importantes que otras, todas son fundamentales”. Efectivamente, el pensamiento de educadores y alumnos javerianos se ha transformado, enfocándose en incrementar y desarrollar sus conocimientos y habilidades para la gestión de proyectos estratégicos. La integración del talento humano, así como la articulación de todas las dimensiones de la propuesta formativa, permite a los maestros pasar a una comprensión transversal de la dimensión espiritual y a entenderse cada vez más como acompañantes de procesos integrales, centrados en la espiritualidad ignaciana. “El objetivo nuestro es formar seres humanos buenos, esta propuesta de formación es acorde al momento histórico que estamos viviendo y los Jesuítas se han caracterizado es por eso, por ir teniendo en cuenta el contexto en el que están afincadas todas sus obras”, puntualizó Iván Santacruz, coordinador del colegio. La espiritualidad Ignaciana lleva a los estudiantes a convertirse en co-creadores, servidores y custodios de la creación de Dios de la mano de sus familias y profesores. “No solamente crecen académicamente, crecen como personas. Vemos a nuestro hijo más seguro, más preocupado por los demás, por la comunidad, por la conservación de la naturaleza, el cuidado de los animales, y por investigar más”, manifestó María Mercedes Domínguez, madre de un estudiante que actualmente cursa grado décimo.

Involucrar a todos los miembros del colegio en iniciativas de tipo social y de desarrollo, los lleva a liderar proyectos, a ser responsables y disciplinados, y a
emprender y generar oportunidades. Los ejercicios que hacen en la región, permiten afinar la visión de futuro, hacer posible la vida digna en Nariño, construir la sociedad ideal, y contribuir a la construcción de la paz. La comunión con el amor creador exige ideas nuevas (planeación prospectiva y estratégica), y sobre todo nuevas realizaciones (proyectos estratégicos exitosos de impacto regional). Superando las barreras entre actividades que se venían realizando de manera aislada, en las que por ejemplo unas correspondían solamente a religiosos, a profesores de ERE y/o equipos de pastoral; el personal en conjunto, ha adquirido una mayor importancia y se ha desarrollado con mayor riqueza y mejores frutos.

El estudiante también es consciente de sus aciertos y errores, a la vez que proporciona a los maestros información acerca de la eficacia y pertinencia de los métodos utilizados, debido a que con la nueva pedagogía, la evaluación se realiza desde las perspectivas del maestro (heteroevaluación), del propio estudiante (autoevaluación) y la de sus compañeros (coevaluación). “Las tareas usualmente implicaban memorizar y cumplir algo específico, pero ahora uno mismo tiene la responsabilidad de aprender por su propia cuenta, de investigar tanto como quiera, entendiendo que está en uno mismo aprender, no escribir en un papel o estarlo repitiendo mil veces, sino que está en ti que, de lo que leas, aprendas o escuches se quede en tu memoria,” así explicó Ana Sofía Rivas, de grado noveno , lo que significa la nueva metodología.


El colegio javeriano ha facilitado los medios para que el proceso de aprendizaje esté más centrado en la construcción de conocimiento y desarrollo de habilidades por parte de los estudiantes, que en la transmisión de conocimientos por parte de los profesores. Así se avanza hacia una educación más práctica para la formación de personas comprometidas y propositivas respecto al cuidado y la restauración del entorno común. Lo nuevo solo es posible gracias a esforzados procesos de construcción colectiva, con ingenio y creatividad, a los que cada uno de quienes hacen parte de la comunidad javeriana, suma lo mejor de sus talentos, experiencia, sabiduría y posibilidades. En este resultado colectivo se cifran las mayores aspiraciones y satisfacciones, en las que se encuentran contenidas las mejores posibilidades de paz interior, realización personal y felicidad. No se trata solamente de incorporar algunas actividades nuevas, se trata de que entre todos, con enormes aportes personales y colectivos (en las áreas, en los grados, en los Consejos, etc.) contribuyen a cualificar la esencia del sistema educativo y de sus procesos de enseñanza – aprendizaje.

Para Jerónimo Velásquez Guevara, alumno de grado séptimo, “Se trata de ayudar a una sociedad a salir adelante desde los ámbitos de la fe, la reconciliación y la justicia”, lo que demuestra que el pensamiento del alumno javeriano se ha transformado, ya no solamente piensa en aprobar materias, sino que decide aplicar sus conocimientos y habilidades en proyectos estratégicos en el presente. Ya no espera a culminar su formación para tomar las riendas de su vida, lo hace aquí y ahora con el acompañamiento de sus maestros. Esta es su manera de sumarse a la acción de Dios, creando caminos para que la vida anhelada por cada uno  sea posible.

Los cambios sociales, tecnológicos y culturales plantean desafíos estructurales al sistema educativo, que debe responder, transformarse y evolucionar para formar a las nuevas generaciones. La innovación en el colegio javeriano aborda asuntos cruciales relacionados con la formación integral ignaciana de los estudiantes y sus familias, así como el desafío de formar educadores para el siglo XXI. La meta es hacer todo de una manera más dinámica y motivante, dando mayor énfasis al desarrollo de habilidades de pensamiento, comprensión de procesos y contextos, análisis. Esta propuesta de pedagogía ignaciana resalta la necesidad de un enfoque de formación integral y humanista, basada en dimensiones como la creatividad y la capacidad analítica y propositiva, en el despliegue de potencialidades humanas para la reconciliación con Dios, los otros y la creación, a través de cuidado y la restauración, constituyen la verdadera razón de ser de la educación para el futuro.

Todo este proceso de implementación de la espiritualidad ignaciana en los colegios de la compañía de Jesús, esa innovación en la forma de educar, ha demostrado ser también la renovación de la espiritualidad en las personas que se están formando, y a la vez una reconexión de los niños, jóvenes, educadores y familias con el sentido de responsabilidad y pertenencia con la creación de Dios de la cual hacen parte.