Si uno viaja a la Isla de La Corota, en La Cocha, una de las realidades que más sorprende es descubrir el bosque húmedo tropical primario que caracteriza este santuario de flora y fauna colombiano.

Recorrer el sendero habilitado para los visitantes implica descubrir una de las expresiones más curiosas de la naturaleza: el dosel arbóreo de los bosques húmedos
tropicales. A mitad de camino, una señal en un árbol invita a mirar hacia arriba y muestra como las ramas están creciendo respetando el espacio bajo la luz del sol de
cada uno de los árboles. La imagen desde el suelo se parece a un collage. Cada rama ocupa su espacio bajo el sol sin sobreponerse por encima del resto de las ramas. Cada árbol coopera con el resto para que todos tengan su espacio bajo los rayos del sol. Esa realidad tiene una dimensión poética: te das cuenta de que cada árbol aprende con el tiempo que cooperar con el resto de árboles, es la única estrategia que tienen para sobrevivir colectivamente y para crear un bien superior a cada árbol: el bosque.

Piensa en la situación. En el origen, la lógica y el incentivo de cada uno de los árboles es crecer verticalmente, buscando arrebatar al resto de los árboles la energía solar. Es una competencia sostenida, acompasada por el lento pasar del tiempo. Cada uno de los árboles puede medir de 20 a 30 metros de altura. Pero, majestuosos en su ascenso, cada árbol empieza a sentir que algo va mal. Con la altura, pierden grosor y se van debilitando frente a las lluvias, el frío, los vientos y otras expresiones climáticas.      Algo deben hacer.

Competir con otros por un tiempo fue una buena estrategia, pero insostenible por ser un riesgo para la vida de cada árbol. Tuvieron que cambiar de estrategia y aprendieron que el reto residía en dejar de competir y empezar a cooperar por la luz del sol. Así, empiezan a crear el dosel arbóreo. Dejan de crecer en vertical y empiezan extender sus ramas en horizontal para crear cobertura vegetal del bosque. Los árboles, rama a rama, sin sobreponerse los unos a otros, cooperan por la energía y la luz del sol y así generan el bosque húmedo tropical. La anterior realidad sirve de sustento para demostrar de forma natural estrategias de cooperación en favor de todos los actores involucrados en determinado proceso. Por eso, Voces de Nariño, ofrece a través de diversos artículos periodísticos algunas de las expresiones más significativas del proceso de la Estrategia de Cooperación del Departamento de Nariño y del      Municipio de Pasto.

En 2008, con la llegada a las administraciones públicas de los Gobiernos de Antonio Navarro Wolff y de Eduardo Alvarado Santander, con el acompañamiento de la Oficina Territorial del PNUD, y la participación de un amplio conjunto de actores, se buscó impulsar una serie de estrategias para coordinar mejor a los cooperantes internacionales que llegaban a Nariño, para sumar y complementar los recursos
locales -muy exiguos en términos económicos- con recursos políticos, técnicos y económicos de actores de la cooperación internacional.

Tras cuatro años de trabajo, podemos sacar una serie de aprendizajes importantes, algunos de los cuales se vislumbran en los artículos de esta edición. En primer lugar, aprendimos que la cooperación internacional juega un papel importante, pero no puede sustituir el liderazgo de los actores locales, tanto institucionales como de la sociedad civil. En segundo lugar, que la cooperación internacional se debe orientar a aportar servicio al territorio y sus actores. Del mismo modo es fundamental que el territorio no se ponga al servicio de la cooperación internacional sino al servicio de la formulación de sus agendas territoriales, temáticas y programáticas, centradas en los hombres y mujeres nariñenses para impulsar el desarrollo humano sostenible y la construcción de paz con estrategias de corto, medio y largo plazo (planes de desarrollo, estrategias de cooperación internacional, políticas públicas, planes decenales, programas marco territoriales, programas y proyectos tipo).

En tercer lugar, que estas agendas territoriales son fundamentales para orientar estratégicamente los procesos de desarrollo y construcción de paz en Nariño, incrementando así la eficacia de estos procesos. La cooperación internacional se convierte en un complemento fundamental pero no sustituye la responsabilidad de los actores locales para liderar los procesos y para ser promotores y garantes de
los derechos de la población.

En cuarto lugar, es importante destacar que a partir de estos procesos hemos dejado al territorio y a los entrantes gobiernos un conjunto amplio de programas y proyectos estratégicos, que surgen de las agendas ya mencionadas, que han permitido orientar recursos a prioridades claves para la vida digna de los y las nariñenses. Muchos de estos proyectos están en plena implementación y otros están disponibles para la gestión de recursos locales, departamentales, nacionales e internacionales.

En quinto lugar, creemos que estos esfuerzos no deben centrarse sólo en gestionar recursos de la cooperación internacional, en tanto el proceso es útil para ordenar y gestionar recursos de las diversas fuentes que dispone Nariño para apoyar política, técnica y económicamente sus procesos de desarrollo y construcción de paz. Sabemos hoy que la cooperación internacional es importante y muy significativa para Nariño, pero más importante y significativo es gestionar y construir a partir de los recursos de Nariño y de Colombia (los activos del territorio, las fuentes de financiación locales, los recursos del gobierno nacional).