Foto: Corpocarnaval / Miguel Garzón.

“¡Que vivan los turistas de otras partes!”, grita un participante de una estampa del Desfile del 4 de enero, a lo que el público responde, algunos entre risas: “¡Que viva!”. “¡Que viva la familia Castañeda!”, “¡Que viva!”.

Foto : Corpocarnaval / Miguel Garzón.

Con el desfile del 4 de enero se conmemora la llegada de la Familia Castañeda a Pasto. Los orígenes de esta tradición tienen distintas versiones, pero la más difundida es aquella que dice que el 4 de enero de 1939 había una cabalgata organizada en vísperas del juego del 5 y 6, y en ese momento, una familia de colonos proveniente del Putumayo que llegaba con un gran un trasteo —peroles, baúles, camas, bultos, jaulas con animales— fue incluida en la cabalgata. Los espectadores gritaban: “¡Que viva la familia Castañeda”!, al paso de los viajeros. Además, se dice que esta familia fue la que más disfrutó con el juego del 5 y 6. Por eso, entre los pastusos se afirma que los que más gozan el carnaval son los turistas, quienes, a su vez, agradecen la hospitalidad       de este pueblo.

El desfile de este año estuvo conformado por 26 estampas con murgas, que dieron pie para recordar el Pasto de antaño y para que los corregimientos pudieran ofrecer una pequeña muestra de lo que son sus fiestas patronales. El desfile lo abrió la estampa de Pericles Carnaval, quien estaba ataviado con una levita blanca y un pantalón negro. Pericles es un personaje emblemático que participa en el Carnaval desde 1932, es quien hace de autoridad de la ciudad durante los días de fiesta y que, a través de un bando, que es una especie de decreto, ordena el desorden, ordena que el mundo se ponga al revés. Pericles es también quien le da la bienvenida a los turistas, quienes desde ese día son unos pastusos más.

Este año, José Arnovi Insuasti representó a Pericles. En la Plaza del Carnaval, ante la multitud que acudió a ver el desfile, Pericles Carnaval leyó con imponente voz el bando oficial: “Hoy, 4 de enero de 2018, en el valle de Rumipamba, en la Villaviciosa de la Concepción de San Juan de Pasto, en el Valle de Atriz, hoy ciudad sorpresa de Colombia, yo, Pericles Carnaval, tomo el mandato de la ciudad como alcaide festivo y popular, cobijado por los colores de nuestros artistas y artesanos, con los ritmos de nuestros músicos y danzantes, para decretar, tras un toque de tambores, que comience la retreta y se espanten los dolores. Fuera penas, desdichas, amarguras y depresión, que sonrían las miradas y también el corazón. A los pastusos nacidos acá y a todos los visitantes que adoptamos como paisanos les digo: que la pasen bien, que disfruten bien y con mucha alegría, no sin antes que respondan con fuerza y algarabía:               ¡que viva Pasto, carajo!”.

Foto: Corpocarnaval / Miguel Garzón.

“Queda decretado, a partir de este momento, un asueto a la nostalgia y un sacudón a los moradores, para que saquen su tristeza con un alegre tintineo, para que llegue el carnaval y comience el recreo, en el que todo sea permitido menos el mal genio, para que brote la satisfacción desinteresada hacia el goce de lo bello y se conceda, con magia y donaire hasta el 6 de enero, el brillo de una fiesta del pueblo y para el pueblo, una celebración abierta al jolgorio, en la que se proscribe la rutina y el aburrimiento, para una región que vive su tradición a través de la fiesta, el símbolo y el juego. Y ¡que viva Pasto, carajo!”.

El Desfile de la Familia Castañeda revive los recuerdos de una ciudad que se ha
caracterizado por su hospitalidad. El carnaval y el juego empiezan, y no hay quien no se contagie con la alegría colectiva.