Por: Mónica Liliana Benavides

Diecinueve años atrás, mientras la abuela Dilia peina con esmero y paciencia el cabello de su “Nego”, como amorosamente llama a su nieta Rosa María, le va contando, le va diciendo: “lo bello, lo valioso, lo importante de amar y conservar naturalmente estos crespos es que, aunque duros y rebeldes, son insignia, son esencia de poder, de resistencia de las mujeres tumaqueñas"

Así le advirtió que en su cabeza, más que cabellos, lucía todo un saber. Rosa María Castro Vallecilla, el alma comunicativa y multifuncional, la del turbante alto y colorido, es delgada, de ojazos negros y mirada sin temor. Tiene piel tersa, morena, labios gigantes, cabello como un sol, sonrisa radiante y dientes de perlas que acompañan el brillo de su silueta de diosa del Pacífico Sur. Mientras habla contonea sus hombros, y en sus orejas se menean unos pomposos aretes rosados que parecen danzar con todo su ‘tumbao’. Es la mayor de tres hermanos, a quienes su madre, Sandra Vallecilla, ha cuidado con su trabajo en una pesquera con largas jornadas pelando camarones. Rosa María sabe que su madre es una guerrera. En medio de tantas necesidades, ella es el motor del barco que conduce.

“Nego” es tecnóloga en trabajo social, estudió modelaje en Bogotá y ¡vaya modelo de mujer que actualmente es! A sus 26 años, dirige en Tumaco la Fundación de Reinas y Modelos “Perla del Pacífico”, que ella misma creó hace tres años para fortalecer el pensamiento de mujeres reales, sin estereotipos, y enseñar a más de 120 niñas de población vulnerable, a amar su cabello, (tal y como su abuela le inculcó), a quererse, a respetarse y a rescatarse a ellas mismas desde un caminar diferente. “Recuerdo cuando era niña que a veces no había comida en mi casa, me acostaba sin comer y sufría, sufría mucho con los gritos y la violencia de mi papá”. Sabe lo que es el dolor, el hambre, y trabajar desde pequeña para apoyar en su hogar.

Rosa María sabe que su madre es una guerrera en medio de tantas necesidades, ella es el motor del barco que conduce.

Desde la reconciliación con su pasado y su arte comunicativo, busca que sus alumnas caminen por una pasarela de autonomía, confianza y disciplina donde sólo el viento pueda tocar sus rostros, su cuerpo, su alma. Empodera a sus “pupilas” a través del estudio, de los pensamientos positivos combinados con las artes de la expresión corporal, el baile artístico, el teatro y el manejo de la pasarela portando admirables turbantes y vestidos artesanales confeccionados en la misma fundación, y a veces también con prendas comerciales. Las ha llevado a vivir emocionantes experiencias en Cali, Bogotá, Pereira, Bucaramanga, Cartagena, Palmira, Medellín. Valledupar, Caucasia y México.

Los turbantes son un símbolo identitario, son mucho más que un accesorio. Conocidos también como foulard o gele, se posan en la cabeza, son una puerta de entrada al pensamiento afro.

Estos quehaceres se han convertido para las modelos en apoyo para sobrellevar la violencia intrafamiliar, la depresión, el hambre y la pobreza. Rosa María recuerda con especial entusiasmo cuando una de ellas, Nila del Socorro Castillo (una líder social que también hace parte de la agencia), terminó su primer desfile en pasarela, contenta se acercó para darle un abrazo que casi le rompe las costillas, y llorando le dijo: “me sentí la mujer más hermosa del mundo, gracias Rosa María por ayudarme a cumplir este sueño a mis sesenta años. Desde pequeña siempre quise hacer esto, y por ti, hoy           lo he logrado.”

Entre el cansancio y el sudor, entre el ir y venir tocando puertas, entre buscar apoyo y recursos de convocatoria en convocatoria para el sostenimiento de su proyecto social, se la pasa Rosa María, encontrando por respuesta que nadie quiere apoyar a una organización que lleve por nombre y apellido aquello de reinas y modelos. Si la gente supiera de la valentía, el valor, la confianza, la determinación y la fuerza que se necesita para subirse a una pasarela, no dudarían en apoyar lo que a simple vista, para muchos, es solo un asunto asociado al mundo de la estética.

“Mi vida cambió cuando tuve la oportunidad de estudiar, de aprender a subirme a una pasarela. La vida no es solo conseguir un marido para salir de pobre y tener hijos. Aprendí a caminar diferente para poder ser inspiración de quienes ahora siguen mis pasos” reitera Rosa María. La que sí le siguió la cuerda, fue la vida, pues ella misma se encargó de enlazarla en un evento artesanal con un diseñador de vestuario africano, quien conmovido por su labor le donó las primeras telas para la creación de turbantes ancestrales, los mismos que ella y su equipo (conformado por su esposo, el publicista Israel Salazar y la artesana y tejedora Janet Escobar), diseñan, alistan y comercializan para cancelar a tiempo el arriendo del local donde opera la Fundación. También los recursos son para pagar la luz, el agua, el internet, el celular, para la logística de los eventos, el vestuario de las niñas, hasta para el rescate y cuidado de animales sin hogar, para la comidita y vacunas de la inquieta “Estrella romántica”, una perrita rescatada por Rosa María.

“Mi vida cambió cuando tuve la oportunidad de estudiar, de aprender a subirme a una pasarela. La vida no es solo conseguir un marido para salir de pobre y tener hijos. Aprendí a caminar diferente para poder ser inspiración de quienes ahora siguen mis pasos”

Los turbantes hechos por “Nego” son el sustento de la Fundación, de la vida y los sueños de todas las niñas quienes con orgullo y elegancia los lucen sobre cada pasarela como símbolo de su historia, de fuerza y resistencia. En ellos se anudan mensajes, noticias e ideas que los conocedores saben leer y los que no, aprenden a descifrar. Cuentan las sabedoras que los turbantes fueron usados para diferenciar a las mujeres blancas de sus esclavas negras, las conocidas “mamis” encargadas de mimar a la América blanca. Los turbantes se usaban también para cubrir los mensajes secretos tejidos en las trenzas y transportar semillas y oro. Según la investigadora Tanisha C. Ford, “el turbante se convirtió en una forma en que las mujeres negras reclamaron su propia humanidad”.

Estas prendas son un símbolo identitario, son mucho más que un accesorio. Conocidas como foulard, gele y turbantes, se posan en la cabeza, son una puerta de entrada al pensamiento afro, ahí donde se abriga y resguarda la memoria, las ideas, los emprendimientos como los de Rosa María y los anhelos de cada una de sus niñas, jóvenes y adultas. Cuando le agobia la angustia, piensa en decirle adiós a la fundación, declararse en quiebra por la falta de recursos y por el escaso apoyo. Luego, después de un suspiro profundo, emerge su esencia, recuerda las palabras de su abuela, la berraquera de su madre, a sus lideresas negras felices, su labor que ha transformado vidas y entonces ahí vuelve Nego a navegar sobre su barco, maniobra las tijeras, abraza las telas, ingenia nuevas formas y continúa elaborando los ancestrales turbantes que esperan listos al borde la playa para que la marea los impulse a moverse desde el Pacífico por Nariño, Colombia y el mundo.

Todas y todos estamos invitados a apoyar este emprendimiento, para que esta historia albergada en los turbantes que nacen de las manos de Rosa María y su entorno familiar, llegue desde los innumerables lectores a millones de vidas para honrar el trabajo de las mujeres tumaqueñas, que esperan seguir sustentando su andar con esta labor que con seguridad, se posarán sobre múltiples culturas, en singulares pensamientos, en modelos de vida y en la sabiduría generosa de quienes los han de portar con su propio orgullo.