“Desconocía mis derechos, pensaba que los maltratos que recibía eran normales en la vida de una mujer, vengo de una familia donde aprendí desde pequeña que con la persona que me casara, debería estar toda la vida, pasara lo que pasara"

Estas son palabras de Ingrid Paola Usamá, quien hace parte de la Organización de Mujeres Campesinas, la cual lleva más de cinco años de trabajo y hace parte de la corporación “Abriendo Caminos” junto a otras quince organizaciones lideradas todas por mujeres dedicadas al campo.

Es ejemplo de fortaleza no solo por empeñarse en sacar adelante sus cultivos, sino porque tuvo la valentía de lograr salir con sus hijas del círculo de violencia que vivió durante 18 años con su ex pareja, superando ideas de sumisión que le inculcaron desde niña: “Desconocía mis derechos, pensaba que los maltratos que recibía eran normales en la vida de una mujer, vengo de una familia donde aprendí desde pequeña que con la persona que me casara debería estar toda la vida pasara lo que pasara, servirle y aguantar. Empecé a abrir los ojos cuando encontré personas que me dieron a conocer cada uno de mis derechos, comprendí que lo que estaba viviendo no era normal ni aceptable, y más que eso, que si yo seguía llevando esa vida mis hijas iban a aprender que así es la vida de nosotras y terminarían igual”.

Ese conocimiento fue el impulso para dar el paso de salir con sus hijas y empezar la búsqueda de una vida mejor. Aún no sabía cómo subsistiría, pero tenía la certeza de que iba a estar mejor, narra a Voces de Nariño. Hoy en día la hija mayor estudia todo lo relacionado con especies menores en el SENA, y la menor está aún en el colegio. Ellas tienen claros sus derechos, los aprendieron de su mamá, que se capacitó con fundaciones y en talleres de universidades y de la alcaldía, en temas de género. "Con el paso de los años he ido aprendiendo que mujer formada, nunca será vulnerada, y eso es algo que le he inculcado a mis hijas y a ls compañeras de la Asociación",         aseveró Paola.

La labor del campesino es fundamental para que en las ciudades puedan disfrutar de alimentos con alto valor nutritivo y cultural, como los que ofrece la Organización de Mujeres Campesinas del corregimiento de San Fernando, al oriente de Pasto

Diariamente, de domingo a domingo, se levantan temprano a trabajar en sus cultivos combatiendo el clima, las plagas, y cualquier otra amenaza.

Parte del empoderamiento es la independencia económica, e Ingrid Paola encontró en la Organización de Mujeres Campesinas, la puerta de entrada para conseguirla. Entre los productos que ofrecen está el huevo campesino, que proviene de gallinas felices y libres que se alimentan de la tierra, con maíz, cortezas de vegetales, y frutas, lo que permite entregar a sus clientes un producto sano, con alto valor nutritivo y un inconfundible sabor. Algunas personas creen que la diferencia está en el tamaño, pero como Ingrid aclara, "pueden ser más pequeños, pero con toda seguridad son            más sanos".

Las mujeres campesinas han aprendido a ver sus parcelas como microempresas, de las cuales ellas son obreras, administradoras, publicistas y vendedoras, todo en uno. Algo que requiere de amor y pasión por el arte de cuidar y cultivar la tierra.

Del campo a su mesa

Otro aspecto que contempla el mercado campesino es la activación del turismo, atraer a las personas a través de la calidad de las frutas, verduras, lácteos y cada producto que ofrecen, así como en la autenticidad con que los exhiben, ofrecen y venden.

Y es que ellas, diariamente, de domingo a domingo, se levantan temprano a trabajar en sus cultivos combatiendo el clima, las plagas, y cualquier otra amenaza. Las hortalizas, gallinas, cuyes, cerdos, frutas y cada uno de los elementos que ofrecen en el mercado, son el resultado de un trabajo dedicado y arduo para poder garantizar al consumidor final que son productos limpios, sin ningún tipo de químicos. Tratando de abrir nuevos canales para comercializar sus productos, ofrecen mercados y reciben pedidos vía WhatsApp, destacando ofertas de lo que esté en cosecha.

"Las mujeres trabajadoras del campo lo que ofrecemos a las personas de la ciudad son productos cultivados con nuestras propias manos. Desde la Asociación, los invitamos a comprar productos orgánicos, limpios, saludables y sin ningún tipo de químicos"

Ellas son conscientes que su labor diaria es de vital importancia para conservar y preservar la seguridad alimentaria en la vida de las pequeñas y grandes ciudades. "Somos mujeres trabajadoras del día a día en los campos, cultivamos productos limpios, nos dedicamos a esto tan bonito que es cuidar la tierra, y de esta manera nosotras podemos entregar un producto para que ustedes, quienes lo deseen preparar, lo hagan con la tranquilidad de saber que le dan lo mejor a su cuerpo con alimentos sanos de nuestro campo”, explica Ingrid.

Preservar la cultura campesina y de lo autóctono, es un plan que requiere de la participación de las nuevas generaciones, y así lo están haciendo. Según Ingrid, cada miembro del núcleo familiar participa en las labores de alimentación de los animales, recolección de los huevos, corte de hierba para los cuyes, y todo lo requerido para sacar adelante su empresa.

Las mujeres de la Asociación procuran dejar ese legado de igualdad y perseverancia, por eso resalta los dos aspectos que para ella son los más importantes: la preservación de su cultura y la defensa de los derechos de las mujeres.

Otro aspecto que contempla el mercado campesino es la activación del turismo, atraer a las personas a través de la calidad y autenticidad de la mujer campesina y su manera particular de producir, presentar y ofrecerlo que cultivan.

Hace un llamado para que los nariñenses compren sus productos de manera directa, difundiendo los beneficios del mercado orgánico. "Les hago una cordial invitación a las personas que viven en la ciudad: que valoren nuestros productos porque son el resultado de nuestro esfuerzo, del amor que cada día ponemos en el cuidado de nuestra tierra, como decimos nosotros acá, nuestra Pachamama. Comprar al campesino representa un beneficio mutuo, el consumidor lleva productos de primera calidad y nosotros obtenemos una ganancia justa”, explicó Paola.

Por otro lado, a las mujeres maltratadas, les dice que "sí podemos solas, yo salí sin nada y empecé a trabajar por un pago muy pequeño, pero poco a poco he llegado hasta aquí y he cultivado lo más valioso para cualquier ser humano: la tranquilidad y la oportunidad de brindarles un mejor futuro a mis hijas”.

Las mujeres campesinas han aprendido a ver sus parcelas como microempresas, de las cuales ellas son obreras, administradoras, publicistas y vendedoras, todo en uno. Algo que requiere de amor y pasión por el arte de cuidar y cultivar la tierra.