Las labores domésticas son múltiples, necesarias y extenuantes. A lo largo de la historia estas tareas han estado principalmente en manos de las mujeres, quienes las realizan como algo inherente a su rol dentro de la familia.

Al ser visto como un deber más implícito en el papel del género femenino en la familia, no es reconocido como el aporte fundamental que es, y mucho menos como algo que deba ser remunerado. Apenas hace unos años se inició a hablar ya difundir el concepto de “economía del cuidado”, que según la definición el DANE tiene en su sitio web, es aquella que "comprende la producción, distribución, intercambio y consumo de los servicios de cuidado, y su inserción en el Sistema de Cuentas Nacionales busca visibilizar la relación entre el trabajo remunerado y el no remunerado, a partir del estudio de la distribución de tiempo en cada uno ”.

Esto se traduce en que las tareas del hogar como cocinar, barrer, y las demás, requiere una inversión de tiempo y esfuerzo que debe empezar a ser reconocido como los que es, un trabajo.

“Realmente sí camas, lavan loza y ropa, en teoría participante de las labores del hogar, pero no lo hacen a tiempo, completo, o bien, y me cuesta más física y emocionalmente recordarles, insistirles y esperar a que lo hagan y supervisar que lo hagan bien, que hacerlo yo misma, entones opto por hacerlo todo ”, afirma Inés Jiménez, madre de familia de la ciudad de Pasto, al preguntarle si todos los miembros de la familia participan en las labores del hogar.

Apenas hace unos años se inició a hablar ya difundir el concepto de “economía del cuidado”, que comprende la, intercambio, y consumo de los servicios de cuidado, y su inserción en el Sistema de Cuentas Nacionales

“No se trata de asignar tareas, sino que cada quien sepa y sienta que es parte importante del grupo y que su aporte es fundamental, que entienda la importancia de que como decimos coloquialmente, si voy a hacerlo, debo hacerlo bien” afirma Inés Arenas , trabajadora social nariñense, quien agrega que es común que los integrantes del género masculino afirmen que sí hacen tareas del hogar, pero lo ven como una generosa y voluntaria colaboración ocasional y no como un deber constante.

Este mismo fenómeno se observa, según Arenas, en otras tareas como el cuidado de niños y adultos mayores, donde gestionar citas médicas, cambiar pañales, dar un baño, suministrar medicamentos y muchas otras actividades recaen en las mujeres porque son ella las que suelen preocuparse más por el bienestar de los demás, porque prefieren no "pelear" para exigir a otros que hagan algo que no quieren hacer, o porque simplemente

no hay quien las apoye, en el caso de madres cabeza de hogar o que depende económicamente de otros miembros de la familia.

"No se trata de asignar tareas, sino que cada quien sepa y sienta que su aporte es fundamental, que entienda la importancia de que como decimos coloquialmente, si voy a hacerlo, debo hacerlo bien"

Que haya alguien en el hogar encargado de mantenerlo como el lugar de descanso, unión, y bienestar, es primordial para la sociedad, y es hora que deje de ser invisible o minimizado como algo que no es trabajo, que no implica un esfuerzo equiparable a cualquier otro oficio.

“Lo mejor que puede pasar es que tanto hombres como mujeres aprendamos a respetar y defender la igualdad también en el aspecto de las labores del hogar. Los hombres tienen la misma capacidad para hacer cualquiera de ellas de forma eficiente, oportuna. Yo personalmente imagino un futuro en el que tanto profesionales como empleados, vean como una opción el trabajo doméstico ejecutado por hombres, y hay muchísimas otras áreas en las que falta mucho para que haya una verdadera igualdad. Se puede hacer y hacerlo bien ”concluye Inés.