Torres de Santa Lucia, El Encano. Foto: Juan Ignacio Rosero.

La historia del Encano ha sido una de altibajos, pero ahora retoma su rumbo hacia la defensa y conservación de un tesoro natural único en el mundo El canto de las aves, el verde en todas sus tonalidades y el aire puro, son la bienvenida que reciben los visitantes del Encano, ese territorio que pasó de ser escenario de dolor a ser destino de paz y conexión con la naturaleza.

Por: Andrea Pachón Rodríguez

Hasta principios de la década del 2000, las veredas de Santa Lucía, Santa Isabel, Patascoy, El Estero y muchas otras, soportaron la violencia y represión ejercida por la guerrilla, lo que llevó a que, a pesar de contar con parajes de ensueño, el turismo no fuese opción para sobrevivir, recurriendo al carbón natural y causando deforestación a gran escala.

La esperanza regresó en 2005 con la salida de la guerrilla gracias a la presión del Ejército. El turismo entonces volvió a ser una opción, pero requirió un proceso de recuperación y concientización que asumieron entidades como la Asociación Bioparque Internacional, que estructuró una propuesta para permitir la exploración y el desarrollo de actividades de turismo y esparcimiento de manera responsable, protegiendo los recursos y los seres vivientes.

El encanto de navegar por La Cocha. Foto: Jaime Franco Morales

Aunque no es una tarea fácil, poco a poco el trabajo de la Asociación en coordinación con el gobierno de Nariño, ha logrado que quienes optaron por la tala de los bosques y la destrucción de páramos, empiecen a entender la importancia de parar con estas actividades. Entre las estrategias usadas para lograr esa transformación, estuvo la realización de mingas para la recuperación de senderos y adecuación de caminos, así como reuniones para incentivar la generación de productos y servicios acordes con esa idiosincrasia de la cual se sienten tan orgullosos los encaneños como José Quisitial, quien afirma con total seguridad que “hay que hacerle conocer al turista, que lleve esos recuerdos, que es nuestra riqueza, que es de acá del corregimiento, lo del Encano”.

Así, a través de las artesanías, los paseos en lancha, la gastronomía, e incluso con la apropiación de elementos como las antiguas torres de vigilancia de la guerrilla en Santa Lucía, para transformarlas en atracción turística; los encaneños empiezan a revertir el daño y a aprender a cuidar su entorno, para que no solo ellos y los turistas, sino también todas las generaciones venideras, puedan disfrutar a plenitud
de este paraíso terrenal.