El café de Nariño es uno de los más conocidos, aclamados y apetecidos en el mundo.
Es común que el nombre de nuestro departamento esté impreso en bolsas de café que se venden en cafeterías de América, Europa, Oceanía y Asia Oriental. Se trata de un café de unas características únicas, que seduce por su suavidad, notas dulces y una exquisita acidez.

Por este motivo, en febrero de 2011 la Superintendencia de Industria y Comercio expidió la resolución No. 06093, por medio de la cual se protege la denominación de origen del café de Nariño. Si bien otras regiones cafeteras de Colombia también la tienen, en Nariño no se ha terminado de entender la importancia de esta condición. En el mundo se pueden mencionar algunos productos con denominación de origen como el pisco peruano, el tequila producido en el estado de Jalisco, la champaña del noreste de Francia, el queso gouda de Holanda Septentrional, entre otros.

De la misma manera, en Colombia productos como el bocadillo veleño, las rosas y claveles, los quesos de Caquetá y Paipa, los sombreros de Sandoná y Aguadas, entre otros, también tienen denominación de origen. Por lo tanto, la denominación de origen es una magnífica oportunidad para consolidar el café de Nariño a nivel local, nacional e internacional.

¿Qué hace único al café de Nariño?

Las principales razones son las siguientes: la posición geográfica, la accidentada geografía, los suelos de origen volcánico y el cuidado de los caficultores. La cercanía de Nariño con la línea ecuatorial determina que se produzca café de altura, ya que la radiación solar es de 1.665 horas en promedio durante el año. Mientras que en otras regiones el café se produce hasta los 1.800 msnm, en Nariño se encuentra hasta los 2.300 msnm. Además, en Nariño confluyen tres vertientes: pacífica, andina y amazónica. Esto hace que las condiciones fisiológicas de la planta sean diferentes a las del resto del país y del planeta.

En la mayoría de zonas cafeteras, entre la floración y el fruto del cafeto pasan 32 semanas, mientras que en Nariño esto sucede entre 35 a 36 semanas, lo que quiere decir que el grano madura más lentamente —permanece más tiempo en el árbol— y desarrolla mucho mejor su parte fisiológica, lo que se traduce en una mayor concentración de azúcares.

Por otro lado, los vientos alisios del sur, que llegan a mediados de año, cuando la cosecha de café está en su pico, son claves en la etapa de secado del café. En otras regiones cafeteras se opta por el secado rápido en invernaderos, pero las altas temperaturas pueden romper la pared celular y hacer que los contenidos internos de la célula se rieguen y cambien la composición bioquímica del café. En Nariño, se escoge el método de secado lento aprovechando las corrientes de aire. El proceso dura más días, pero se asegura la calidad del café.

Lo anterior también se relaciona con los accidentes geográficos. El calor que durante el día se concentra en los cañones que forman las montañas nariñenses sube en forma de aire caliente en las noches y actúa como una especie de cobija que protege a los cafetales del frío de la alta montaña, permitiendo así la producción de café de altura. Otro factor que hace diferente al café de Nariño son sus suelos de origen volcánico: la zona norte está alrededor del volcán Doña Juana, mientras que el café de la zona occidental crece en las laderas del volcán Galeras.

Por último, está el cuidado especial de los campesinos nariñenses en la producción de café artesanal. El departamento tiene 41 municipios cafeteros, en los que hay 39.703 caficultores. Más del 90% de ellos trabaja en minifundios, es decir, terrenos donde tienen entre una y tres hectáreas de café. Es por ello que conocen y cuidan con especial dedicación los cafetos.

El salto definitivo en el posicionamiento del café de Nariño debe darse de la mano de todos los actores del ciclo productivo del café, para que los campesinos y campesinas nariñenses, quienes realizan el mayor esfuerzo, vean en su ingreso el ser destacados en el mercado por producir el mejor café suave del mundo.