¿QUIÉN DIJO QUE NO PODÍAMOS SOÑAR?

Luego de contar una y otra anécdota y de recordar entre risas las peripecias de cuatro meses de trabajo intenso con sus noches y sus días, una pausa cómplice entre los cuatro los inspira para una emotiva conclusión: “Una idea, tan solo una idea nos llevó a Brasil y a soñar en grande”.

Aunque lo dice Darío Martínez, también lo piensan Katherine Zamudio, Yuliana Timaná y Donaldo Enríquez; estudiantes que un día le apostaron al desmocilador como un proyecto a favor del ambiente y productividad de la panela, pero que no dimensionaron que los llevaría a conseguir lo que antes era casi imposible para ellos.

Montar por primera vez en avión, viajar al extranjero, conocer a jóvenes de otros países, pasear por las calles de Sao Paulo, atender a cuanto medio nacional los abordó y, “el logro de la vida”, según ellos, ser reconocidos por Samsung ante el mundo como líderes ambientales con iniciativas de solución.

“¡Esos eran solo sueños!, pero ¿quién dijo que no podíamos soñar?”, asevera Yuliana.

Y esa idea que nació en las aulas de una institución en el corregimiento de El Ingenio, a cuatro kilómetros de la cabecera municipal de Sandoná en Nariño, les dio el título de ganadores de la tercera versión del ‘Concurso Soluciones para el Futuro’ de Samsung Colombia, tras competir con otras 1.346 propuestas de 150 municipios del país.

Ya en sus manos tenían el tiquete para representar a Colombia en un workshop en Brasil y recibir asesoría para optimizar el invento que quieren llevar lejos. Lo harán a través de TEXTER, nombre que en principio fue el de su equipo y que, ahora, es la empresa que decidieron formar luego de “botar corriente” en varias horas de recreo.

“Significa Tecnología Extractora de Renovación. Estudiaremos carreras que se entrelacen con el fin de que cada uno aportemos al proyecto”, aclara Katherine, mientras con el dedo indica a sus coequiperos: “Yuliana y Donaldo, ingeniería ambiental; Darío, ingeniería mecánica y yo química pura”.

Una idea que los transformó

“Tenemos una mentalidad más abierta al mundo. En Brasil nos dimos cuenta que nuestro proyecto es de un beneficio incalculable y que debemos hacerlo realidad”, asegura Donaldo, quien junto a sus compañeros cursa grado once en la Institución Educativa Sagrado Corazón de Jesús.

Con igual resolución, explica el significado de esa palabra que para muchos era desconocida hasta que, en El Ingenio, pusieron a hablar a todo el mundo de ella.

“El demoscilador es una máquina que absorbe el mucílago que se encuentra en la corteza del balso blanco. Actúa como una chupa y esto evita que se quite o dañe la corteza que necesita el árbol para su protección y se muera por las inclemencias del ambiente. El mucílago es una baba que se usa para limpiar el jugo de la caña”.

Entonces todos quieren intervenir y lo hacen con tanta emoción que se interrumpen con las ganas de contar el descubrimiento.

Katherine llama al orden y puntualiza, “es urgente prevenir la desaparición de esta especie nativa que protege el agua, la flora y la fauna. Aparte, en el Ingenio somos trapicheros y el desmocilador permite que la producción de panela sea un proceso sostenible y amigable con el ambiente”.

Queda claro por qué para ellos es un experimento que desean convertir en muchas máquinas que TEXTER distribuya por el mundo. Argumentan que la India es productor de panela y se refieren a las bondades multiuso de su invento que también puede servir para la extracción de miel de maple del árbol arce, en Canadá.

“Llevaremos nuestra idea a esos lugares que la necesitan, pero somos campesinos emprendedores que siempre volveremos a nuestra tierra a entregar lo que aprendamos afuera”, concluye Donaldo.

Si estos países y otros están en sus planes, será un requerimiento el que hayan superado el nerviosismo de su primer vuelo a Brasil. Especialmente Darío, quien narra cómo creyó en un momento que una de las azafatas empezó a rezar y pensó en lo peor. “Seguro la vi rezando, preciso cuando hubo turbulencia. ¡Cómo no voy a asustarme!”. Todos se ríen, pero le recuerdan que eso solo lo vio él.

Por ahora, TEXTER dio el primer paso: un prototipo con dos versiones, una manual y otra con baterías, más una aplicación que contiene el manual de uso, un sistema para monitorear la cantidad de mucílago extraído y una mesa de ayuda que se constituye en una red de apoyo entre paneleros.

Las osadías de un maestro ilustre

“Es verdad que los jóvenes rurales tenemos limitaciones, pero con un mínimo impulso podemos alcanzar metas”, dice Yuliana.  Y, en este caso, ¿cuál ha sido ese impulso? La respuesta de los jóvenes es inmediata: “¡El profe!”.

Se llama Adilson Barahona y es el profesor de Tecnología e Informática.  Es de esos docentes que ve más allá de los currículos, explora y crea. “La química, la física, el lenguaje, toda área se relaciona con el mundo real. Debemos conectar a los estudiantes con ese mundo e incentivarlos al uso del conocimiento para responder a las necesidades con las que se enfrentan”.

Por eso, como parte de su asignatura, ideó una propuesta a la que llamó ‘tecnoambiente’ y, con ella, han surgido todo tipo de proyectos como alternativas de solución a las problemáticas ambientales en el corregimiento. Tal ha sido el impacto metodológico y de innovaciones, que la novedad le valió el galardón nacional de ‘Maestro Ilustre 2019’, otorgado por la Fundación Compartir.

Nada raro que esa osadía con la que crea y propone nuevas formas para educar, le hayan hecho pensar que la idea de salvar la vida de un árbol a través de una máquina inventada en una de sus clases, podría trascender y recibir un galardón de las propias manos de Young Kim, Presidente de la empresa coreana Samsung en Colombia.

Mientras se habla con él es entendible aquello de “maestro ilustre”, pues se expresa con un sentido de vocación que contagia. “Nuestra misión es generar en los estudiantes la pregunta y la inquietud.  Es hacerlos pensar que no todo está hecho; que existen múltiples retos en la humanidad”.

Lo quieren, chancean con él y ratifican que es su amigo. “Decirle gracias es poco”, expresa Katherine y complementa: “Muchas, muchas gracias a él quien ha hecho posible que veamos más allá de lo que pensábamos que era todo”.

Para el “profe”, despertar ese tipo de sentimientos y emociones en sus estudiantes se debe a algo que él practica como parte de su esencia de maestro: “soy un vendedor de ideas”.

Los “collarcitos” de Sao Paulo

Entran uno a uno, algo tímidos, pues afirman que los entrevistados han sido sus hijos y no ellos.  Se sientan, se miran y a la primera pregunta es Everardo Zamudio quien responde: “Estamos viviendo un sueño”.

Es papá de Katherine y el orgullo por el logro de su niña es más que evidente. “La mayoría de nosotros solo tiene hasta primaria, dígame cómo no sentirnos felices”.

La rutina de estos padres dedicados al campo y la artesanía en paja toquilla se interrumpió un día, cuando la ilusión de sus hijos les pudo más que el miedo a pensar en todo lo que se vendría.

“Cuando Yuliana me dijo, mamá, el profe nos inscribió, me asusté por los gastos que tendríamos.  Pero al ver a mi hija feliz, cogí fuerzas y me concentré en apoyarla”, relata Yenny Derazo.

Igual pensaron los demás, así que se organizaron como equipo hasta con turnos para preparar los muchos termos cargados de café, “especialmente para los días que tuvieron que trabajar hasta la media noche en el colegio. Les tocaba así pues en las casas no tenemos internet”, comenta Fanny Pejendino, mamá de Donaldo.

Aseguran que se sentían fuertes y unidos.  El triunfo estaba muy cerquita al dulce, a la caña y al café de un corregimiento que poco o nada se reconocía en el resto del país. Esa era otra de sus motivaciones.

Para los gastos que vinieron luego, con oficios en mano que ellos mismos redactaron, visitaron droguerías, panaderías y demás negocios que se toparon en el camino.  Los entregaron con una petición especial: apoyar a sus hijos en nombre de El Ingenio.

Mientras avanza la charla, avanza también la emoción de unos padres que se sienten héroes para sus hijos. ¡Y lo son!

¿Dónde se imaginan a los cuatro? Yenny suspira y dice: “A mi hija la veo muy lejos, de pronto en otro país como una gran profesional”. Se le entrecorta la voz; sin embargo, dice que es por la alegría de saber a su hija distinta.

Entre tanto, los “collarcitos” de Sao Paulo que los chicos regalaron a sus madres serán, muy seguramente, los amuletos que llevarán por siempre como el recuerdo de la primera vez que sus hijos se atrevieron a soñar.

¿Quién dijo que no podíamos soñar?

Luego de contar una y otra anécdota y de recordar entre risas las peripecias de cuatro meses de trabajo intenso con sus noches y sus días, una pausa cómplice entre los cuatro los inspira para una emotiva conclusión: "Una idea, tan solo una idea nos llevó a Brasil y a soñar en grande"... Esta es la historia del "ingenio" de cuatro chicos de El Ingenio, corregimiento de Sandoná (Nariño), ganadores de la tercera versión del 'Concurso Soluciones para el futuro' de Samsung Colombia. Crónica completa 👉 https://xn--vocesdenario-khb.com/el-ingenio-de-cuatro-chicos-de-el-ingenio-quien-dijo-que-no-podiamos-sonar-2/

Posted by Voces de Nariño on Tuesday, 3 December 2019