Por: Andrea Riascos

El Covid-19 ha generado abruptos cambios en nuestro estilo de vida, que van desde el aislamiento obligatorio hasta nuevas dinámicas en los modelos de producción, educativos, de movilidad y de relación.

Las medidas gubernamentales decretadas para hacer frente a la pandemia han puesto en evidencia las grandes brechas de desigualdad social y de género que existen en Colombia: mientras hay personas que viven en su período de cuarentena explorando su capacidad para convivir, obteniendo cosas nuevas, fortaleciendo su espíritu o mejorando sus lazos familiares, hay otras que literalmente no tienen dónde vivir ni qué comer.  

Así que no es tan fácil pedirles a las personas que se “queden en casa” cuando el hambre apremia y el único sustento se encuentra en la calle, más aún si eres mujer, madre cabeza de familia, empleada doméstica, empleada de servicios generales, cuidadora de menores o personas enfermas, trabajadora informal, adulta mayor sin pensión, trabajadora sexual o mujer migrante. La situación se acentúa en las mujeres debido a la feminización de la pobreza y la brecha laboral entre los géneros, además, siendo que las mujeres son en su mayoría quienes ocupan actividades de cuidado y de servicio doméstico y limpieza, en las cuales el teletrabajo no es una opción; son las más expuestas al contagio del virus y por tanto a poner en riesgo su salud y la de sus familiares.

Pero si para unas salidas de casa las expone a la pandemia, para otras, el quedarse en ella las expone a la violencia intrafamiliar, la violencia sexual y el feminicidio. Durante el período de cuarentena hasta el mes de abril, la Fiscalía General de la Nación ha recibido 3.069 denuncias de violencia intrafamiliar, entre ellas 1.407 son de tipo sexual y 19 son feminicidios, uno de los cuales se perpetró en la ciudad de Pasto.

"Si para unas salidas de casa las expone a la pandemia, para otras, el quedarse en ella las expone a la violencia intrafamiliar, la violencia sexual y el feminicidio"

En Nariño se han incrementado en un 123% las denuncias de violencias basadas en género, frente a ello se han dispuesto desde la Secretaría de Género e Inclusión Social de la Gobernación de Nariño y la Secretaría de las Mujeres, Orientaciones sexuales e Identidades de Género de la Alcaldía de Pasto; Los contactos de las Duplas Violeta y Naranja respectivamente, para que brinden atención psico - legal especializado frente a este tipo de violencias, asesoría sobre la ruta a seguir en estas situaciones, y brinden atención para el manejo de la contención emocional y la identificación de redes de apoyo ICBF y PROFAMILIA por su parte, también han dispuesto líneas de atención frente a situaciones de maltrato infantil y acceso a interrupción voluntaria del embarazo (IVE), respectivamente.

Además, de acuerdo a una encuesta realizada en Bogotá, la cuarentena ha aumentado en las mujeres hasta dos y tres horas diarias de trabajo doméstico. Cabe resaltar que mientras se sigue pensando que son las mujeres las únicas responsables del cuidado del hogar y los hijos e hijas, incrementando su trabajo dentro y fuera de él, así que la pandemia no da tregua a las mujeres, por el contrario, ha evidenciado y acentuado las desigualdades de género como lo manifestado Ana Güezmes, representante de ONU Mujeres para Colombia.

A este respecto, la escritora y profesora italiana, Silvia Federici, una de las activistas que trata de hacer más visible la carga adicional que tienen las mujeres, afirma que: "Eso que llaman amor es trabajo no pago", refiriéndose directamente a ese desigual reparto de las tareas del hogar y cómo a través de la historia esto se ha justificado en el supuesto de que el amor de la mujer es el que hace de la casa un hogar, porque tienen un instinto para hacer las obligaciones domésticas mejor que los hombres ".

El confinamiento lleva a reflexionar acerca de lo difícil que puede  ser permanecer en casa y cumplir  con todas las tareas que eso implica: hacer las compras, asear y organizar, cocinar, la lavar loza, ropa,  y un largo etc. Mantener “al día” una  casa es un trabajo duro, ya que,  mientras en una empresa cada  quien responde por una función,  en el hogar generalmente todas las  áreas tienen un solo responsable, y  ese responsable es una mujer, ya  sea la madre o no. Isabel Agatón Santander, abogada de amplia experiencia en asuntos de género y promotora de la  Ley Rosa Elvira Cely (que creó la figura de feminicidio en la legislación colombiana), lo explica  así: “Desde pequeñas, a las ni- ñas se les enseñan, introducen,  inyectan y refuerzan ideas y  valores relacionados con el sacrificio, el cuidado de los otros,  la maternidad, el complacer las  necesidades de su esposo y las de sus hijos e hijas postergando sus propias aspiraciones puesto que erróneamente se ha creído  que el valor de una mujer deviene  del matrimonio y la familia”.

Estas situaciones resaltan la  necesidad de un trabajo continuo  frente a la prevención de violencias  contra las mujeres, la redistribución de roles para el trabajo doméstico  y de cuidado, la valoración de las  actividades de cuidado como algo  fundamental para el sostenimiento de la sociedad, la educación en empoderamiento femenino y masculinidades no violentas y corresponsables, la activación de rutas de atención de violencias de  género y el acceso a la justicia  frente a estos casos, así como el  acceso a IVE. Temáticas de primer orden que junto a la exploración de alternativas para una  economía sostenible, así como  la recuperación de saberes ancestrales de salud autogestiva,  son el planteamiento feminista  para hacer frente a esta pandemia y empezar a hacer el tránsito a modelos de vida socioeconómicos más seguros para las  mujeres y las niñas en particular,  y para la sociedad en general.  De todas formas, cuando las  mujeres logran apropiar este discurso y abanderan procesos sociales y políticos, el resultado se  evidencia totalmente, así lo demuestra el liderazgo político de  mujeres de pensamiento progresista, que de acuerdo a la revista  Forbes han sabido manejar de  manera excepcional los países  que gobiernan en medio de esta  crisis de orden mundial, como  es el caso de Alemania, Taiwán,  Nueva Zelanda, Dinamarca, Finlandia, Islandia y Noruega.

Desde pequeñas, a las niñas se les enseñan, introducen, inyectan y refuerzan ideas y valores relacionados con el sacrificio, el cuidado de los otros, la maternidad, el autor de las necesidades de su esposo y las de sus hijos e hijas postergando sus propias aspiraciones