En la rivera de la laguna, un impetuoso faro se erige para custodiarla. Muchos llegan atraídos por él y por el espejo de agua sobre el que flota; un espejo que refleja tantos colores como tenga el cielo y que depende de la neblina que baja o de los rayos de sol que se abren entre las nubes.
El faro custodio, hace parte de los atractivos de El Carrizo, un lugar mágico que se levanta en medio del plateado de las aguas de la laguna de La Cocha y el verde de los Andes que empieza en Nariño, departamento en el suroccidente de Colombia.
Es una hostería que toma su nombre de la vereda en la que se encuentra y que pertenece al corregimiento de El Encano.  Llegar no es nada difícil; incluso para los turistas que viajan desde otras ciudades del país y de fuera de Colombia. Una sola llamada basta para que El Carrizo resuelva el transporte a través de expresos, motos o lanchas. Depende de hasta qué punto se llegue a Nariño o a El Encano.
Si se viaja desde Pasto, son 40 minutos en carro hasta la Iglesia del corregimiento, sitio de aparcamiento de vehículos y motos interveredales. Hasta la hostería son cinco kilómetros de distancia. Si se llega hasta El Puerto, muelle turístico, una lancha es la solución.

Fotógrafo: Carlos Mafla


Sin embargo, la experiencia de vivir La Cocha también motiva a caminar. Hora y media se tarda desde la Iglesia hasta El Carrizo. Cualquiera que sea la forma de llegada, el camino deja ver la laguna desde otra perspectiva; diferente a la que tanto se ha mostrado desde El Puerto. En la vía, las aguas siguen al viajero a medida que avanza hasta encontrarse con el letrero que le da la bienvenida.
Entrar al Carrizo es disponerse a la tranquilidad y paz que solo un entorno como el de La Cocha puede brindar: aire puro, viento que azota o se detiene y el sonido tan único de la naturaleza entre ranas, patos, mieleros azules y golondrinas. Hasta la lluvia suena bonito en medio del silencio.
Ya en la posada, el visitante se adueña más del paisaje pues lo tiene siempre en frente. Los grandes ventanales del restaurante hacen que la gastronomía autóctona se disfrute, ya sea con la quietud de las aguas o con el ímpetu de pequeñas olas que se levantan y que distan a unos metros del lugar. La trucha arcoíris es el plato típico de preferencia en el menú. La hay para todos los gustos: frita, al ajillo, a las finas hiervas, al vino, criolla, en salsa de camarones y con jamón y queso.
Una chimenea dispuesta en el restaurante abriga las cenas, especialmente las románticas que pueden contratarse como parte de un paquete que ofrece también el desayuno para la pareja y la decoración de una de las habitaciones de las cabañas con pétalos y velas; el vino de la casa no puede faltar para acompañar la velada.
La acomodación para este plan es en la cabaña matrimonial que se suma a otras cinco cabañas tipo familiar, con confortables habitaciones, servicio de televisión con DIRECTV, baño privado, cocina - comedor, sala de estar y wifi. Todas con vista a La Cocha y a la isla La Corota, santuario de flora y fauna, que se observa un tanto diagonal al faro.
“Amo la tranquilidad del lugar. Es el sitio perfecto para descansar y admirar la naturaleza. Es espectacular, no tiene comparación. Además, me encanta la atención que ofrecen”, dice Ana María Ruiz, miembro de Endurolandia, una empresa de Medellín dedicada a travesías en moto por el país y el extranjero. En menos de dos años ha realizado varios viajes a Nariño, acompañada hasta de veinte personas, con estadía en El Carrizo.

Fotógrafo: Carlo Mafla

Experiencias distintas
La flexibilidad en los planes hace que cada viajero o grupo de turistas pueda organizar el paquete que prefiera con paseos en lancha, buceo, pesca y visita a reservas naturales.
En cuanto a los paseos, el más completo tiene una primera parada en la vereda El Motilón para visitar Playa Blanca (cuando el nivel del agua lo permite) y “Vinos de La Cruz”, una casa en la que se produce vino artesanal con una fruta silvestre llamada motilón. Los turistas pueden catar la bebida y conocer cómo se produce.
Luego, las aguas conducen a los viajeros hacia Romerillo y Ramos para llegar a Santa Lucía con otra parada que incluye la visita a las “Torres Gemelas de La Paz”; uno de los tantos símbolos que en Colombia representa la transición del conflicto armado a la firma del Acuerdo de Paz. Son dos torres pintorescas con el atractivo de un puente colgante que las une.
El periplo, si se quiere, puede iniciar con la visita a la isla La Corota, santuario de flora y fauna, a 20 minutos en lancha desde el muelle de El Carrizo.
Un día, dos, tres… Los visitantes eligen el tiempo para pernoctar y así mismo las experiencias que quieren vivir.  De este modo, las tarifas pueden ir desde los 60 mil pesos con la garantía que, desde el primer momento, habrá una conexión directa con una naturaleza que, sin límites, lo ofrece todo.

Fotógrafo: Carlo Mafla


El mismo contacto con la comunidad es una experiencia distinta. El personal de cocina, de atención y de mantenimiento, así como los lancheros y guías en las caminatas a las reservas, son oriundos de El Carrizo y de veredas aledañas. Conversar con ellos es conocer de las tradiciones ancestrales de nuestros pueblos indígenas y saber más de este paraje andino que guarda, incluso, mágicas leyendas alrededor de La Cocha y que tan solo ellos conocen.
La estancia en la posada está abierta a todas las necesidades. La inclusión de platos vegetarianos en el menú, por ejemplo, hace parte de una oferta variada de servicios que, coherente con la naturaleza misma, permite también el ingreso de mascotas.
“Los animales son parte de la naturaleza. En El Carrizo aceptan que nos hospedemos con mis dos perros, así que nuestro disfrute es pleno. Es un lugar fantástico que visitamos cada vez que queremos, sin importar las casi seis horas de viaje que esto implica. Un lugar como este no lo encontramos en otra parte de Colombia”, manifiesta Yuly Marín, una payanesa que asegura, además, gozar de los viajes en lancha acompañada por “Yoko” y “Yuma”.
Amplias zonas verdes, sendero ecológico, zona de juegos para niños. Zona de picnic, mini cancha de fútbol y canchas de sapo complementan los servicios de este lugar de ensueño.
Sin duda, quedarse debe ser parte del plan. Entre la luna que se esconde y el sol que aparece, los colores juegan entre el agua, La Corota y el cielo para coquetearle al faro custodio en un paisaje que cautiva.

Fotógrafo: Carlo Mafla
Fotógrafo: Carlo Mafla
Fotógrafo: Carlo Mafla
Fotógrafo: Carlo Mafla
Fotógrafo: Carlo Mafla
Fotógrafo: Carlo Mafla
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Fotógrafo: Carlo Mafla
Fotógrafo: Carlo Mafla
Fotógrafo: Carlo Mafla

Fotógrafo: Carlo Mafla
Fotógrafo: Carlo Mafla
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