Es de locos llegar a la senda del Carnaval de Negros y Blancos de Pasto a las nueve de la noche del cinco de enero y observar cómo los espectadores comienzan a ocupar sus asientos con más de doce horas de anticipación para reservar el lugar privilegiado que les permitirá ser observadores de primera fila.

Arropados con ruanas, cobijas enormes y peluditas, abrigados por el café caliente o por aguas hervidas con licor o con el constante frotar de las manos, hombres y mujeres de todas las edades, provenientes de distintos lugares de Nariño, del país, de los distintos continentes del mundo, viajeros que inician así su paciente espera para aguardar las sorpresas que les pueda traer el desfile magno del carnaval.

Foto Elkin Vallejo Castillo

Ya no se sabe qué día es, apenas se contabilizan las horas para tener un acercamiento a la realidad. La máquina del tiempo ha dejado de funcionar, es época de carnaval. Se presume que es seis de enero porque ya ha terminado el juego de negritos, han culminado las verbenas en los tablados populares; ahora son las carrozas, artesanos y artesanas, artistas, danzantes, murgas, comparsas, figuras que parecen tener vida propia, van llegando, poco a poco, al lugar de concentración.

Manos de hombres maquillan rostros de mujeres y viceversa. Se desayuna a las ocho de la mañana en plena calle. La acera está tapizada de trajes, de máscaras, de instrumentos musicales. Danzantes suben y bajan por las lomas que conectan con los barrios de la ciudad y sus extremidades. Suenan sirenas, suenan pitos, suenan cantos, suenan pasos, suenan chorros de espuma de carnaval, suena música aquí, allá, en la esquina, más allá y más acá. Toda la calle se viste de locura.

Dejarse sorprender es la mejor herramienta que puede tener a mano el nuevo
espectador. Quien llega por primera vez a presenciar y ser parte de esta manifestación cultural, la que se ha denominado la más popular del suroccidente colombiano, o quien desee viajar hasta este rincón sur de Colombia, o quien quiera reafirmar el destino próximo de una aventura carnavalera, deberá enlistar en su equipaje una buena dosis de disposición para vivir la locura de esta fiesta.

Los viajeros abren los ojos con desbordante emoción al notar que los artistas de este Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, son los responsables de cargar con el peso de la cultura de estas tierras.

Sobre los hombros de hombres y mujeres recaen figuras que llegan a alcanzar los 30 kilos y son las espaldas de las y los  artistas las que permanecen firmes para exhibir a lo largo de este camino de locos los mascarones, los tocados de elevada altura, las figuras que hablan de los seres del sur. Trajes rituales, disfraces, cabezones, motivos que han sido tallados, esculpidos, diseñados y pintados por las manos feroces de quienes se resisten ante la vida desde el múltiples oficios que se expanden  en               el arte carnavalero.

Foto Elkin Vallejo Castillo

La música está a cargo de murgas que son las agrupaciones encargadas de mantener activa la banda sonora de esta película por donde desfilan las criaturas más diversas de las mitologías locales y extranjeras. Todo el Olimpo tiene lugar en el carnaval. Piratas, conquistadores, árboles con rostros de hombres, mujeres con cuerpos de plantas medicinales. Hadas, brujas, hechiceras, magos, arlequines, payasos; hombres vestidos como niños, niños jugando a ser gigantes. Desenfreno.

¡Ese es! ¡Ese es! grita la gente a cada motivo, a cada colectivo, a cada murga, a cada comparsa y a todas las carrozas. Para el espectador paciente todos son ganadores, para el público que se ha dado la tarea de llegar a observar con ojos de niño el espectáculo carnavalesco, todos ganan, todos son los mejores, todos son únicos y diferentes.

Y así, después de las horas sin medida, el viajero, el turista, el visitante, el venido de otras tierras pasa a ser un ciudadano más de este lugar que acoge con magia propia a quienes se han atrevido a caminarlo con su locura particular. Después de ese buen tiempo, en español, en inglés, en francés, en alemán, en italiano o en cualquier otro idioma, gritan a todo pulmón, con el rostro pintado de blanco y con la cabeza cubierta de talco ¡Que viva Pasto! ¡Carajo!