Trabajando con amor y entrega el campo Nariñense. Foto: Edwin Ferney Narváez Suárez

En la presente y en la anterior edición se dan a conocer condiciones excepcionales y características del sector caficultor en el departamento de Nariño, bondades que han posicionado este producto como uno de los mejores cafés especiales en el mercado mundial por sus condiciones organolépticas.

Las diferentes organizaciones sociales que componen este sector, algunas de las cuales hemos presentado en estas ediciones, tienen un común denominador: favorecer la calidad de vida del sector primario de la producción del café, nuestros campesinos.

Foto : Edwin Ferney Narváez Suárez

Después de varias décadas de posicionar el café en mercados mundiales, nuestro productor se encuentra viviendo las dificultades que impone el mercado; muy diferente a lo que debería estar pasando, los campesinos cafeteros se encuentran empobrecidos.

El margen de las múltiples explicaciones que se puedan dar a esta crisis del sector, lo cierto es que quien labra la tierra, quien tiene que comprar los insumos requeridos, quien tiene que soportar las inclemencias del cambio climático, quien tiene que cuidar día a día sus matas para obtener una cosecha aceptable, quien tiene que endeudarse bancaria y extra bancariamente, no recibe económicamente el fruto de su esfuerzo.

Esta realidad, bajo todo punto de vista injusta, genera desasosiego, incertidumbre e inseguridad en el sector productor y en particular en las familias campesinas del país, quienes en la actualidad carecen de una calidad de vida digna.

Esta situación, que es ajena al sector campesino, conlleva a la desarticulación de las zonas rurales y urbanas de nuestro país y los diferentes países productores de café en el mundo, con consecuencias tan graves como la migración del campo hacia las ciudades, generando círculos de miseria y posibles efectos de despoblamiento del campo. ¿Qué es lo que está pasando? El verdadero problema del sector de la producción agraria es el mismo; dentro de la cadena total de los productos agrícolas, no se encuentra incluido al principal actor: el campesino.

La economía del mercado muestra quiénes producen, quiénes compran y quiénes venden, todos queremos y debemos ganar, pero de una manera equitativa y justa donde exista un sistema de valor compartido. En el caso del café, donde una taza puede costar en Dinamarca US$5,33, en Islandia US$5,16, en Catar US$4,97, en Noruega US$4,94, en Suecia US$4,28, en Estados Unidos US$4, al campesino Colombiano por una libra de café producida se le está pagando 0,95 centavos de dólar, cuando producirla le cuesta entre US$1,40 y US$1,60.

¿Sabía usted que de una libra de café se pueden producir de 50 a 70 tazas de café? Y además de eso, ¿que el café Colombiano cuenta, y es verificado por su denominación de origen, como uno de los mejores cafés del mundo?.

Es decir, una libra de café puede producir un ingreso bruto de 600.000 COP, donde se incluye transporte, seguros, publicidad, aduanas, fletes, empaques, entre otros aspectos. La materia prima debería garantizar al producto un precio justo que cumpla con las reales necesidades del campesino caficultor.

Un precio que permita generar una dinámica social y económica que favorezca el tejido social de las comunidades campesinas. Si bien el gobierno ha generado diferentes incentivos para minimizar la crisis, esto requiere de salidas estructurales que permitan a corto, mediano y largo plazo, solucionar de raíz la gran crisis cafetera, donde exista participación equitativa en las ganancias de todos los componentes de la cadena del valor del café. Para ello se requiere de un acuerdo mundial para salvar el campo de la miseria en que se encuentra actualmente.

Adicionalmente, pensar en una solución estructural a la crisis del café requiere entre otros aspectos:

  1. Generar un incremento paulatino de la productividad con base en una investigación aplicada.
  2. Establecer una economía de escala que favorezca los precios de los insumos, que se requieren para la producción.
  3. Mejor utilización de los insumos que se requieren para la nutrición de los cultivos.
  4. Promover la eficiencia en el proceso de cosecha.
  5. Fortalecer e innovar en la maquinaria que se requiere en la post cosecha.
  6. Establecer metas que permitan el incremento del consumo del café en Colombia, pasando, como mínimo, de 1,8 a 4 kilos por persona año.
  7. Aprovechamiento de los subproductos que se generan en la industrialización del grano.
  8. Fortalecer la producción de cafés especiales en Colombia, para dinamizar la comercialización de productos diferenciados.
  9. Establecer un mayor acompañamiento integral al productor. Definitivamente el café es un tema apasionante que sigue construyendo país. Bajo ningún punto de vista podemos permitir que la cultura cafetera desaparezca.

Definitivamente el café es un tema apasionante que sigue construyendo país. Bajo ningún punto de vista podemos permitir que la cultura cafetera desaparezca.