Foto: Javier Vallejo Díaz

"Lo que pueda hacer por pasto,lo hago"

Por: Miguel Garzón Arteaga

a primera impresión que se tie ne cuando se quiere hablar con Álvaro Enríquez Ocaña es la de una persona difícil de abordar, pero en la medida en que se avanza en la conversación, el diálogo se vuelve fluido y es posible darse cuenta que se está frente a alguien que, como él mismo confiesa “adora a Pasto”, que siempre se encuentra ocupado o que está conversando con sus amigos, que, como él, son conocedores del arte o que buscan una orientación de alguien que no sólo conoce con solvencia las diferentes tendencias estéticas, sino que tiene ojo clínico para saber si un joven artista tiene futuro o no.

Cuando terminó su bachillerato en el Colegio Javeriano, se dio el lujo de viajar a Italia en donde, durante cuatro años, estudió cerámica artística, decoración de interiores y vitrinismo. A su regreso a Pasto, se dedicó profesionalmente a la decoración y abandonó la cerámica, a tal punto que convenció a su familia acabar con el almacén de telas y lo convirtió en uno de decoración que tuvo mucho éxito, sobre todo por cuanto en ese tiempo había un comercio muy activo con el Ecuador.

Con el correr de los años, me cansé de ese trabajo porque implicaba dedicarle mucho tiempo, y como a mi familia siempre le ha gustado las cosas bellas y el arte”, dice.

                                                          El anticuario

“A mí siempre me han gustado las cosas antiguas. Después de volver de Europa, y con motivo de un Congreso Internacional de Jardinería que se realizó en Pasto, me solicitaron que en el almacén hiciera una exposición con elementos que sirvieran de base a los arreglos de flores y que llamaran la atención de las delegadas nacionales
e internacionales.

Para esa exposición, que fue la primera que organicé, encontré muchas piezas de cristal y de porcelana que estaban prácticamente escondidas en muchas casas de Pasto”, manifiesta. Posteriormente organizó, también en el almacén porque aun no existía el Centro Cultural del Banco de la República, por primera vez en la ciudad una exposición de arte religioso, para la que consiguió algunas obras del convento de la madres Conceptas, que nunca salen, así como de la colección que tienen los jesuitas; después hizo una de ornamentos religiosos y posteriormente una muestra de la obra de Carlos Santacruz.

“Cuando el Banco de la República construyó el Área Cultural, las exposiciones se empezaron a hacer en la Sala y, por consiguiente no volví a organizarlas en el almacén, aunque no pierdo la esperanza de volver a hacer por lo menos unas cinco exposiciones, porque quiero que la gente, sobre todo los jóvenes, sepan lo que hubo en Pasto en el siglo pasado y lo que existe hasta ahora, porque aquí hay muy buen gusto”, agrega, De las cosas que lamento es que no tengamos aquí un museo de Barniz de Pasto, uno de cerámica precolombina y uno de arte religioso, aunque monseñor Julio Prado Bolaños tiene en mente organizar un museo de estas características en las que Pasto y la diócesis en general es muy rico..

                                                         Gastronomía

Hay que recordar que más por los lados de la familia Ocaña que de la Enríquez siempre ha estado presente el gusto por la gastronomía. Fueron los Ocaña, quienes, en los primeros años del siglo XX, dieron al servicio el Hotel Central que estuvo ubicado junto a las casa de los porta les en la Plaza de Nariño, donde se ofrecía una comida única y que aun se recuerda.

Mi abuela por parte de mi madre, dice Álvaro Enríquez, era de origen ecuatoriano y por esa razón conocía muy bien las recetas del Ecuador. A nuestra comida la catalogo, a más de sabrosa, variada. Por ejemplo, la diversidad de sopas que tenemos aquí no la tiene ninguna parte de Colombia.

La pastelería que tenemos en Pasto, es muy abundante y no la tiene ninguna otra región de Colombia. La cantidad de golosinas también es mucha, tal como pudo verse en el evento gastronómico realizado hace dos años en el Museo Taminango.

                                                            Carnaval

Otro aspecto de la vida regional al que se ha vinculado Álvaro Enríquez es el del Carnaval de Negros y Blancos, al cual le ha hecho importantes aportes.

Si bien es cierto que desde hace muchos años los Enríquez Ocaña han participado, en calidad de jugadores, en distintas carrozas, la relación directa desde el punto de vista organizativo, data del tiempo de la alcaldía de Navarro, cuando la directora del carnaval Marcela Bustamante le propuso que se haga cargo de la Familia Castañeda que en los últimos años se había degenerado totalmente y era necesario rescatarla
de la vulgaridad en que había caído, hasta tal punto que se corría el riesgo de terminarse.

Álvaro Enríquez aceptó el reto y “con la ayuda de mis familiares y de mis amigos rescatamos la Familia Castañeda y, desde ese año, ha cambiado totalmente y se le incluyó algo muy importante, integramos a la juventud, cosa que no fue fácil pero
que lo logramos, porque son los jóvenes quienes deben continuar esta tradición.

Para mí, el carnaval es una pasión. Lastimosamente este año, por quebrantos de salud, no pude organizar pero participé en la Familia Castañeda”, termina diciendo Álvaro Enríquez Ocaña, quien día a día con sus actos, su conocimiento, su buen gusto y su entusiasmo demuestra que lo que pueda hacer por Pasto lo hace.