Mi nombre es Dayra Marcela Dulce, tengo 24 años y cursé un Técnico en Asistencia Administrativa y un Tecnólogo en Procesamiento de Alimentos en el SENA. Desde muy pequeña le ayudaba a mis padres a embolsar tierra para allí sembrar las chapolas de café, nací en el Municipio de El Tambo (N), específicamente en la vereda Potrerillo, una región donde la economía principal se basa en la caña de azúcar, el plátano y el café, una vereda de gente amable, mujeres campesinas guerreras y luchadoras, hombres que trabajan día a día bajo sol y lluvia para poder sostener a su familia, los niños después de llegar de la escuela ayudan en los quehaceres de la casa; en el campo se vive tranquilo, aunque muchas veces faltan muchas cosas eso es lo de menos, cuando terminé mis estudios primarios mis padres me apoyaron mucho para que siga la secundaria, sabíamos que no era fácil porque tocaba salir al pueblo a diario en una ruta que lo recogía promedio 5: am sorteando cualquier tipo de dificultad, y además de eso apoyara a mis 2 hermanas menores que también estudiaban nos tocó muy duro muchas veces mi papá y mi mamá se iban de peones para ganarse unos pesos extras y poder llevar el sustento a la casa; por eso y muchas razones mi principal objetivo era estudiar y salir adelante para ayudarlos a ellos y devolverles un poquito de todo lo que me brindaban y además que no les toque tan duro porque en el trabajo de agricultor no hay vacaciones, ni ARL, mucho menos pensión solamente lo cubre un mal servicio de salud subsidiado y pare de contar.

Cuando llegaban las cosechas de café en la vereda era muy emocionante ya que se miraba a todas las personas entre risas y charlas en los cafetales contando las anécdotas y recolectando ese valioso grano, era un ambiente muy agradable yo y mis hermanas disfrutábamos mucho la recolección después de estudiar. Cuando se llegaba el día de mercado que es el día sábado, mis padres llevaban el café en pergamino seco al mercado del pueblo para venderlo a la cooperativa, el precio nunca era el justo para tanto trabajo realizado por el cafetero ya que se esmera en sembrarlo, abonarlo, esperar pacientemente para que esté listo para la primera cosecha, luego recolectarlo, despulparlo, fermentarlo, lavarlo, secarlo y llevarlo al cliente, los precios eran y aún siguen siendo irrisorios para tanto esfuerzo eso siempre me disgustaba, además que la Federación no prestaba ni presta en mi vereda la asistencia técnica que se necesita para sacar un buen cultivo adelante todos los procesos son empíricos.

Después de tantas odiseas al fin llego mi grado, todos celebramos ese gran logro especialmente mis padres, me gradué con honores de la Institución Educativa Sagrado Corazón de Jesús, del Municipio del Tambo, modalidad comercial luego de ello empecé a trabajar en una papelería del Municipio aproximadamente dos años, después me inscribí al SENA en el año 2014 a una Tecnología en Procesamiento de Alimentos porque me llamaba la atención el proceso por el que pasan los alimentos antes de llegar a la boca, gracias a Dios pase y entré, la verdad me daba mucha pena dejar a mis padres y dejar el campo pero lo que siempre soñé y quise es formarme, adquirir conocimientos y regresar al campo donde nací para ayudar a las personas que trabajan en la ardua labor, en la Tecnología nos dieron una semana de cataciòn de cafés especiales y eso me llamo mucho la atención porque era una parte del café que no conocía, me fue muy bien de hecho, luego llego la etapa practica me fui al municipio de Pupiales, fue una experiencia maravillosa, fue de hecho allá donde era un poco difícil conseguir un buen café ya que es una zona fría y solo se conseguían cafés comerciales que me sentaban mal, con mi novio Óscar Montaño, se nos ocurrió e hicimos el primer experimento del café en bolsitas de aromática, al principio no funcionó muy bien, pero seguimos intentándolo, apenas terminé la práctica regresé a Pasto, con ideas definidas para seguir analizando e investigando sobre el experimento, y dispuesta a buscar a los grandes conocedores del buen café para que me ayudaran y así fue como logramos contactarnos con catadores de la Unión y baristas del Sena que nos brindaron ayuda, de allí en adelante fueron meses duros, ya que solo me dedicaba al café y no trabajaba pero la ilusión crecía cada día más; empecé a sacar degustaciones a chicos del Sena, y de allí nos invitaron a eventos y ferias y fue así como de degustación en degustacion fuimos validando el mercado y escuchando las opiniones de las personas para seguir mejorando el producto de café del Municipio del Tambo. La idea base es fomentar el comsumo local de cafés especiales, pero no solo en la forma tradicional, si no buscando diversificar productos a base de café, como Chococafé, Infusiones de café, Galletas de café, Dulces de café.Mi nombre es Dayra Marcela Dulce, tengo 24 años y cursé un Técnico en Asistencia Administrativa y un Tecnólogo en Procesamiento de Alimentos en el SENA. Desde muy pequeña le ayudaba a mis padres a embolsar tierra para allí sembrar las chapolas de café, nací en el Municipio de El Tambo (N), específicamente en la vereda Potrerillo, una región donde la economía principal se basa en la caña de azúcar, el plátano y el café, una vereda de gente amable, mujeres campesinas guerreras y luchadoras, hombres que trabajan día a día bajo sol y lluvia para poder sostener a su familia, los niños después de llegar de la escuela ayudan en los quehaceres de la casa; en el campo se vive tranquilo, aunque muchas veces faltan muchas cosas eso es lo de menos, cuando terminé mis estudios primarios mis padres me apoyaron mucho para que siga la secundaria, sabíamos que no era fácil porque tocaba salir al pueblo a diario en una ruta que lo recogía promedio 5: am sorteando cualquier tipo de dificultad, y además de eso apoyara a mis 2 hermanas menores que también estudiaban nos tocó muy duro muchas veces mi papá y mi mamá se iban de peones para ganarse unos pesos extras y poder llevar el sustento a la casa; por eso y muchas razones mi principal objetivo era estudiar y salir adelante para ayudarlos a ellos y devolverles un poquito de todo lo que me brindaban y además que no les toque tan duro porque en el trabajo de agricultor no hay vacaciones, ni ARL, mucho menos pensión solamente lo cubre un mal servicio de salud subsidiado y pare de contar.

Cuando llegaban las cosechas de café en la vereda era muy emocionante ya que se miraba a todas las personas entre risas y charlas en los cafetales contando las anécdotas y recolectando ese valioso grano, era un ambiente muy agradable yo y mis hermanas disfrutábamos mucho la recolección después de estudiar. Cuando se llegaba el día de mercado que es el día sábado, mis padres llevaban el café en pergamino seco al mercado del pueblo para venderlo a la cooperativa, el precio nunca era el justo para tanto trabajo realizado por el cafetero ya que se esmera en sembrarlo, abonarlo, esperar pacientemente para que esté listo para la primera cosecha, luego recolectarlo, despulparlo, fermentarlo, lavarlo, secarlo y llevarlo al cliente, los precios eran y aún siguen siendo irrisorios para tanto esfuerzo eso siempre me disgustaba, además que la Federación no prestaba ni presta en mi vereda la asistencia técnica que se necesita para sacar un buen cultivo adelante todos los procesos son empíricos.

Después de tantas odiseas al fin llego mi grado, todos celebramos ese gran logro especialmente mis padres, me gradué con honores de la Institución Educativa Sagrado Corazón de Jesús, del Municipio del Tambo, modalidad comercial luego de ello empecé a trabajar en una papelería del Municipio aproximadamente dos años, después me inscribí al SENA en el año 2014 a una Tecnología en Procesamiento de Alimentos porque me llamaba la atención el proceso por el que pasan los alimentos antes de llegar a la boca, gracias a Dios pase y entré, la verdad me daba mucha pena dejar a mis padres y dejar el campo pero lo que siempre soñé y quise es formarme, adquirir conocimientos y regresar al campo donde nací para ayudar a las personas que trabajan en la ardua labor, en la Tecnología nos dieron una semana de cataciòn de cafés especiales y eso me llamo mucho la atención porque era una parte del café que no conocía, me fue muy bien de hecho, luego llego la etapa practica me fui al municipio de Pupiales, fue una experiencia maravillosa, fue de hecho allá donde era un poco difícil conseguir un buen café ya que es una zona fría y solo se conseguían cafés comerciales que me sentaban mal, con mi novio Óscar Montaño, se nos ocurrió e hicimos el primer experimento del café en bolsitas de aromática, al principio no funcionó muy bien, pero seguimos intentándolo, apenas terminé la práctica regresé a Pasto, con ideas definidas para seguir analizando e investigando sobre el experimento, y dispuesta a buscar a los grandes conocedores del buen café para que me ayudaran y así fue como logramos contactarnos con catadores de la Unión y baristas del Sena que nos brindaron ayuda, de allí en adelante fueron meses duros, ya que solo me dedicaba al café y no trabajaba pero la ilusión crecía cada día más; empecé a sacar degustaciones a chicos del Sena, y de allí nos invitaron a eventos y ferias y fue así como de degustación en degustacion fuimos validando el mercado y escuchando las opiniones de las personas para seguir mejorando el producto de café del Municipio del Tambo. La idea base es fomentar el comsumo local de cafés especiales, pero no solo en la forma tradicional, si no buscando diversificar productos a base de café, como Chococafé, Infusiones de café, Galletas de café, Dulces de café.