Por: M.Sc. José Vicente Revelo Salazar, Director Asociación para el Desarrollo Campesino – ADC-

En los ecosistemas previos a la aparición de la agricultura los seres humanos no intervenían de manera decisiva para modificar los equilibrios naturales y se limitaban a aprovechar sus frutos. Sin embargo, cuando crece la población, los ecosistemas naturales pueden dejar de proporcionar los suficientes productos vegetales y animales aprovechables

En los ecosistemas previos a la aparición de la agricultura, los seres humanos no intervenían de manera decisiva para modificar los equilibrios naturales y se limitaban únicamente a aprovechar sus frutos. Sin embargo, cuando crece la población, los ecosistemas naturales pueden dejar de proporcionar los suficientes productos vegetales y animales aprovechables, su capacidad de sustentación se reduce, y es así como los grupos humanos deben recurrir a la agricultura y la ganadería, presentándose una forma “artificial” de producir alimentos.

Con el paso de los años, desde el neolítico a la fecha, aparecen nuevas formas de producir agresivas con el entorno natural, como la Revolución Verde, que se llevó por delante una gran variedad de modelos de producción agraria adaptados a cada zona, para generalizar un único modelo en todo el mundo que conllevó a una serie de nuevos problemas de carácter ambiental, sanitario, técnico y social.

La agroecología como ciencia

Los defensores del modelo de Revolución Verde afirman que Latinoamérica y el Caribe deben volverse aún más competitivos en cuanto a su producción y para ello, deben apoyarse en la biotecnología para lograrlo. El problema es que el uso de este tipo de técnicas no disminuye la utilización de químicos, tampoco permite aumentar la producción, y no beneficia a productores y consumidores.

Organizaciones de Base y Ongs en el mundo proponen estrategias de producción menos intensivas en capital e insumos, impulsando prácticas agroecológicas que den énfasis a la biodiversidad, el reciclaje de nutrientes, la interacción del medio natural, el ciclaje de los sistemas, así como la regeneración y conservación de los recursos naturales o mejor llamados bienes comunes.

Definimos la seguridad alimentaria como la capacidad de la familia para producir la mayor cantidad y calidad de alimentos dentro de su predio, dependiendo lo menos posible de afuera

La Agroecología es una ciencia integradora que se apoya en otras ciencias como la Ecología, Antropología, Sociología, Etnología, Historia, Agronomía, Zootecnia, entre otras, partiendo siempre del conocimiento del productor, propiciando un diálogo de saberes entre estos. Se origina en los años 70, pero la ciencia y la práctica son tan antiguos como el origen de la agricultura, ésta provee el conocimiento y metodología necesaria para desarrollar una producción ecológicamente sostenible, con buenos rendimientos, socialmente equitativa y económicamente viable y provee una guía para desarrollar Agroecosistemas que tomen ventaja de los efectos de la integración de la biodiversidad de plantas y animales.

En un arreglo productivo y de conservación, entre más se parezca al ecosistema, más próximo y más sostenible en el tiempo será su proyección. La agroecología es la posibilidad de convivir armónicamente con la naturaleza, tratando de imitarla siempre y obtener beneficios sin perjudicar a nada ni a nadie y para toda la vida. Gracias a la Agroecología, podemos hacer ciencia, práctica y fomentar el movimiento social.

La reserva natural, base de la seguridad alimentaria familiar

La Laguna de la Cocha, localizada en el corregimiento de El Encano en el municipio de Pasto, ha representado un lugar sagrado para las comunidades indígenas Quillasingas e Ingas del alto Putumayo. Sus primeros pobladores aprovechaban sus recursos naturales y especies propias del territorio como el Cascarillo (Cinchona pubescens), del cual extraían quinina para controlar la fiebre amarilla, así mismo árboles de Encino (Weinmania multifuga), de los cuales extraían tintas para curtiembres, lo que generó que el proceso de deforestación de la cuenca, se haya incrementado paulatinamente, añadiendo a este hecho, la explotación de especies maderables como pino colombiano, Naranjo, Encino, cedro rosado, entre otras.

La seguridad alimentaria es la capacidad de la familia para producir la mayor cantidad y calidad de alimentos dentro de su predio

Al ir disminuyendo las especies maderables, los pobladores empezaron a laborar en la explotación del carbón vegetal, talando especies como el Mate (Clusia sp 1), Pino Colombiano (Podocarpus oleifolius) y Arrayan (Myrcianthes rhopaloides (Kunth) Mc Vaugh). Los intermediarios, o personas que compraban el carbón, eran quienes recibían las mayores ganancias por la compra de este material y por la venta de los alimentos y herramientas como motores o motosierras, mantenido al carbonero con una deuda permanente y creciente, lo que obligaba nuevamente a extraer carbón para pagar parte de la deuda y volver a adquirir víveres y herramientas.

Desde antes de 1991, como resultado de la realización de mingas investigativas (espacios donde se complementan los saberes de los campesinos con los saberes académicos), se decide por primera vez en Colombia, autodenominar los predios familiares con prácticas de manejo que no alteran el entorno natural como Reservas Naturales de la sociedad civil, y se empieza el proceso de valoración del entorno, el reconocimiento de su importancia ecológica, económica y social. Así mismo, se fortalece el proceso de valoración de las personas como individuos dinámicos y de las familias como núcleo trasformador y a la vez conservador.

Concepto de reserva

Frente al grave problema de contaminación producto de la revolución industrial, se hizo necesario en el mundo crear una figura que minimice los daños ecológicos de manera voluntaria. En Colombia, las propuestas de conservación de áreas prioritarias están coordinadas por Parques Nacionales, sin embargo, la propuesta de esta entidad no podía abarcar las diferentes zonas del territorio colombiano, en especial aquellas donde se encontraban pobladas y asignadas legalmente a familias campesinas, y es ahí donde se genera el concepto de Reserva Natural Privada o Reserva de la Sociedad Civil.

Las Reservas Naturales de la Sociedad Civil se han convertido en una opción de vida para los propietarios campesinos e indígenas Quillasingas, quienes han visto en la conservación y en la implementación de elementos de sostenibilidad, alternativas viables para mejorar las condiciones de vida, los ingresos económicos y asegurar a las futuras generaciones un espacio y una oportunidad para vivir con dignidad.

Este acuerdo local, después de muchos años, se reconoce como política pública en nuestro país gracias al decreto 2372 del 1 de julio de 2010, que incluye esta categoría de conservación en el sistema Nacional de Áreas Protegidas-SINAP-

Seguridad Alimentaria y Conservación de la Biodiversidad

Definimos la seguridad alimentaria como la capacidad de la familia para producir la mayor cantidad y calidad de alimentos dentro de su predio, dependiendo lo menos posible de afuera, con la posibilidad de utilizarlos en la dieta para mejorar así su nutrición. Hace referencia también a la capacidad de la familia para tener garantizado los alimentos básicos y necesarios para el sustento, sobre lo cual, dentro de las actividades innovadoras, hemos decidido participar para aportar a la seguridad alimentaria en nuestro proceso Alternativo de Desarrollo.

Se destaca el establecimiento de los sistemas que garantizan la producción de alimentos sanos y suficientes en forma permanente y la realización de acciones en favor de la conservación de ecosistemas y a su vez de los recursos naturales o mejor llamados bienes comunes, indispensables sin duda, para el sostenimiento de la diversidad de cultivos y animales en nuestros predios, asegurando de manera permanente una dieta sana y variada a menores costos, gracias a la eliminación de productos de síntesis industrial.

Los intermediarios, o personas que compraban el carbón, eran quienes recibían las mayores ganancias por la compra de este material, y por la venta de los alimentos y herramientas como motores o motosierras, manteniendo al carbonero con una deuda permanente y creciente, lo que obligaba nuevamente a extraer carbón

El reto es propender por el desarrollo de un modelo de producción y convivencia, con integración de las diversas disciplinas ajustadas a criterios de respeto y solidaridad y donde se utilicen los recursos del medio, partiendo de la valoración de sí mismos, de los demás y del entorno y de esta manera garantizaremos que las generaciones futuras incluidas en el proceso, a través del Área de Relevo Generacional, desarrollen conjuntamente con la familia una propuesta productiva, contextualizada y que responda a las necesidades identificadas.