Ha transcurrido un mes desde la finalización de nuestra magna fiesta sureña, versión año 2009, que convidó, como nunca, a turistas, nariñenses radicados en ciudades del interior del país y a toda la población sureña que se congregó en torno a la lúdica cultural, al juego del cosmético y el talco, al compartir confraterno de emociones, a la integración del jolgorio anual, al esparcimiento contemplativo de la faena artística ambulante, al deleite de nuestros platos típicos, al congraciarse con nuestro ‘musical’ dialecto pastuso, a un sosiego jocoso que propone el chiste pastuso, a vibrar, con la cadencia del ritmo andino del Sonsureño, a compenetrarse con las culturas que se esparcen sutiles, a la bohemia y al goce espiritual carnestoléndico.

Al carnaval confluyen razas, credos, linajes, pensamientos, actitudes y aptitudes; individuos y colectivos; peritos y neófitos en arte; turistas nacionales y extranjeros, cada uno con una óptica y una lectura diferente. El neozelandés Dan Harris, experimentó la sensación de vincularse como actor de una carroza del Carnaval de Negros y Blancos de Pasto: “Jugar en el carnaval fue muy interesante para mí, porque pude participar en una carroza, construyéndola como parte de un equipo... valió la pena porque me subí en la carroza, pasé por las calles llenas de gente, bailando, gritando ¡Viva Pasto! y todo eso, sí… fue increíble. En mi país hay carrozas pero más bien son camiones, y la gente va encima, porque es Navidad, allí hay un pesebre al que se va cantando canciones de Navidad. Pero no es tan artística, tan creativa como son las carrozas del Carnaval de Negros y Blancos. Las carrozas son creaciones muy impresionantes, son combinaciones de todas las formas de arte como pintura, escultura, danzas, música, todo en uno y la gente se alegra mucho, te pinta, te echa polvo, carioca… es una experiencia increíble para mí”.

Espontánea, como esta apreciación de una persona que nunca soñó contribuir con sus inexpertas pinceladas (de Carnaval) al deleite de miles de personas, es la visión de un transeúnte, del empleado, del oficinista, del sacerdote, del lustrabotas o del político, del albañil o del carpintero, el científico, el médico, el futbolista, en fin, las miradas enajenan y construyen sus propios imaginativos.

A esta fiesta multicolor a la que acudimos anualmente para contagiarnos de la alegría masiva que nos brindan los actores, cultores y artistas, por escenarios que son de todos y no son de nadie. El carnaval del sur es atípico en su desarrollo, porque sólo necesita de voluntades, un contexto, unos actores y un motivo, -el juego-; él encuentra su propio desenvolvimiento.