El alfasto se desvanece bajo los pies danzantes de los herederos de una tradición milenaria, de la que se dice, reunía a miembros del pueblo indígena quillasinga, en la celebración de  sus cosechas, donde con bebidas propias y bailes, representaban el ciclo de la vida y el recorrido de los astros. Hoy, algunos muchos años después, hijos e hijas de la misma tierra se encuentran en un sendero carnavalesco, recordando y dignificando aquellos orígenes ancestrales, como los ha de llamar el profesor Oscar Juajinoy España, director del colectivo coreográfico Raza Libertad.

Los rostros y cuerpos de los participantes son embellecidos con la representación de los elementos del universo; tierra, agua, fuego y aire entonan un canto colectivo que hipnotiza a los observadores de este desfile sin igual. Son 11 los colectivos seleccionados, con al menos 200 integrantes cada uno, que, entre danzantes, músicos y zanqueros personifican relatos como el nacimiento del río Guaytara, el origen de laguna de la Cocha, los procesos de extracción del oro por parte de los mineros, la hermosa labor orfebre y a las mujeres “ñapanguitas”, indígenas campesinas que han sido columna vertebral de la tradición agrícola y textil de la región nariñense.

Las temáticas varían y surgen del interés del colectivo sobre un tema de investigación, este se crea en grupo o se define a partir de concursos que dan voz a diferentes creadores y artistas. Camilo Alejandro, danzante y estudiante de la Institución Educativa Ciudad de Pasto, nos muestra cómo, inherente a las temáticas, existe también un propósito formativo: “La propuesta nos enseña a cuidar a cada uno de los animales, cuidar el medio ambiente todos los días, porque éste necesita de nuestra ayuda, ya se está disminuyendo de tanto que le estamos haciendo daño”.

Para el profesor Juajinoy, la participación de jóvenes en estos colectivos culturales es importante en tanto se aprende “que las cosas importantes se consiguen
precisamente a través de eso, del sacrificio, a través del querer hacer las cosas, pues nada es fácil, hay que trabajarlo.” El profesor añade que este es un medio que permite que los chicos encuentren su identidad, pero sobre todo “que se sientan orgullosos de ser nariñenses, orgullosos de ser pastusos, orgullosos de hablar como hablamos, de sentir lo que sentimos, de comer lo que comemos y sobre todo orgullosos de esta tierra que es bendecida”.