Foto: Corpocarnaval / Miguel Garzón.

La danza constituye uno de los elementos más representativos de las culturas. Es una manera de contar historias, dándole rienda suelta a la exaltación que genera la música a través de los movimientos del cuerpo.

Por tradición, la temática del Carnaval de Negros y Blancos ha girado alrededor de la naturaleza, es un tributo a los ancestros, a la Madre Tierra. Cada 3 de enero se rinde homenaje a ella en sus dos concepciones: el territorio de donde se es oriundo y el planeta del que somos parte. Este desfile se enmarca en un ritual, un tributo al origen de la vida, a la belleza y al goce de la existencia. Los colectivos coreográficos se esmeran en representar con sus atuendos y tocados, a los animales y plantas que son símbolo de la fuerza y del poder de la naturaleza. Flores, tigres, cóndores, águilas, colibrís, y por supuesto cuyes, se reúnen en la senda para recordar a propios y extraños que todos convivimos en el basto y sublime conjunto universal.

Foto: Jhon Alexander Rosero Paspur.

En la senda, el canto, el baile y la interpretación de diferentes instrumentos es un recordatorio de lo valioso de nuestra identidad andina. El legado que se conserva por generaciones se privilegia con costumbres, saberes, especies y paisajes que son representativos de países como el nuestro, Ecuador, Perú o Bolivia, abrigando en su territorio una porción de la cordillera de los Andes.En esta ocasión, el primer lugar en la categoría de colectivos coreográficos fue ocupado por Mama Talla y el Canto Creador. La propuesta del colectivo denominado Somos Zarandearte para este 2019, se caracterizó por unos fantásticos gallos cuidadosamente tallados y pintados que portaron los danzantes sobre sus cabezas, acompañando el atuendo con unos chales puestos a forma de alas y pecheras de plumas plateadas elaboradas en                  material reciclado.

Edward Santander Quenguán, uno de los responsables de la propuesta ganadora, explicó a Voces de Nariño el tema de su coreografía: “Mama Talla era un apelativo que se daba a las mujeres destacadas por su liderazgo, y en este caso específico hace referencia a Francisca Chapuel, cacica del pueblo de Males a quien le fue encomendado buscar un lugar precisamente para asentar ese pueblo, hoy ubicado en el municipio Córdoba Nariño. A ella le fue entregado el gallo, que cantaría tres veces seguidas indicando el lugar dónde hacerlo.

Foto: Jhon Alexander Rosero Paspur 

El sello representativo de su paso por la senda fue la energía e histrionismo de cada uno de los integrantes del colectivo, quienes de principio a fin mantuvieron una actitud arrolladora, para contagiar hasta el último espectador en una danza armónica y sincronizada. “Cuando vemos que logramos contagiar a la gente de la alegría y el amor por la tierra, sabemos que hemos cumplido con nuestro objetivo, y en ese sentido todos los colectivos coreográficos somos ganadores” afirmó una de las bailarinas a su paso por la senda sin parar de bailar y sonreír.

Quenas, charangos, zampoñas, rondadores y tambores, musicalizaron con canciones andinas este espectáculo de fantasía inspirado en momentos, lugares, seres mágicos y seres reales, en un canto de amor y veneración por la tierra. La victoria lograda es doblemente satisfactoria para el grupo ganador, así lo explica Edward al rememorar que “el año anterior quedamos de últimos, por lo que debimos cambiar el nombre         para  poder participar este año, pasamos de vivir una pesadilla a cumplir un                 sueño, literalmente.”