Foto: Corpocarnaval / Miguel Garzón.

El 3 de enero se desató el fulgor de la danza y los colores con cerca de 3000 participantes de once colectivos coreográficos, los cuales, inundaron el carnaval de rituales, folclor andino, himnos de fuerza y libertad como manifestación de un legado de las tribus indígenas, las raíces de nuestra tradición. Los ancestros nos convocan en un conglomerado simbólico; las historias de las tribus y las melodías de la Pachamama se levantan en quienes viven y transmiten la pasión, y la ciudad de Pasto se alza en viva voz festiva para recibir este memorable evento.

El Estadio Libertad fue testigo de las gamas tonales, del sonido de las zampoñas, las acrobacias de los zanqueros y la apasionada danza de estos colectivos. El colectivo coreográfico de la Fundación Cultural Indoamericanto fue galardonado con el primer lugar. Cristian David Díaz, integrante del colectivo, expresó que: “Indoamericanto se ha destacado mucho por ser el pionero en un evento que cada año Pasto celebra en su Carnaval de Negros y Blancos: el Canto a la Tierra”. Acerca de la temática comenta que: “Llevamos 24 años en este proceso de Carnaval y este año venimos con la propuesta que lleva por nombre ‘Tachi Nawe’, un homenaje a la resistencia del pueblo indígena Eperara Siapidara, que se ubica en la Costa Pacífica nariñense”. Para ello, Indoamericanto realizó una investigación con el fin de representar los elementos y atributos del pueblo, sin dejar de lado la precisión coreográfica y musical que caracteriza a la Fundación. Cuenta Hernán Coral Enríquez, cofundador del colectivo coreográfico Indoamericanto, que en 1992 conformó un grupo de 70 personas que buscaba destacar la música, la danza y los atuendos de la región el día del Desfile Magno. El profesor Coral dice que en ese entonces: “si bien es cierto que el carnaval lo hacen en su mayoría familias y dinastías que enseñan a sus hijos a hacer disfraces, carrozas y comparsas de manera increíble, el común de la gente no tenía la posibilidad de acceder de forma protagónica al desfile, debía quedarse observando pasar lo que otros habían hecho. Es allí cuando los colectivos se constituyen en la puerta de entrada para quien ama el Carnaval, sin tener las habilidades que tiene un artesano para hacer una carroza o un disfraz”.

Foto: Corpocarnaval / Miguel Garzón.

Otros temas que hicieron parte del arte y de la belleza de este Canto a la Tierra fueron: la tradición del tejido enpaja toquilla —como lo propuso el colectivo Amaru, el cual ocupó el segundo lugar—, el recuerdo de la herencia incaica, o incluso el recuerdo de la poesía de nuestra región en los versos de Madrigales del poeta nariñense Aurelio Arturo. El Canto a la Tierra representa el orgullo del nariñense y su plena asociación con las culturas indígenas que nos han trasmitido su gran veneración por la vida y los recursos naturales, además de un magno acervo mitológico que ha construido un sincretismo vital y una identidad colectiva en el departamento de Nariño.

Foto: Corpocarnaval / Miguel Garzón.