Las artesanas se inspiran en la exuberancia del bosque húmedo tropical del Pacífico.

La artesana Armenia Chiripúa, de 39 años, cuenta que aprendió a tejer canastos a escondidas de su madre. “Cuando llegaba de la escuela recogía las fibras que habían sobrado de los canastos de mi mamá, contaba el número de venas e intentaba hacerlos. Las primeras canastas que hice no quedaron como las de mi mamá, pero después empecé a practicar con ella”, relata esta lideresa de la comunidad indígena Eperara-Siapidara.

Construir una canasta es un proceso que puede llegar a tomar entre 15 y 20 días, por eso se tejen normalmente 24 canastas al mismo tiempo. En primer lugar, es necesario internarse en la espesura del monte en busca de la fibra del arbusto del chocolatillo, actividad no exenta de riesgo, ya que hay serpientes. La fibra se la raspa, desvena y se pone a secar al sol durante al menos dos días. Si se quiere que la fibra tome el color negro se la entierra. Para los colores rojo y amarillo, se cocina la fibra con una hierba llamada ‘tisa’.

La tetera, el yaré y la matamba son especies vegetales, de las cuales se extrae la fibra para los elaborar los canastos.

Después de estos procesos se vuelve a secar la fibra al sol y se pasa ya al tejido en el que se combinan los colores. Entre la construcción del asiento de las canastas y el
remate de la subida pueden pasar 8 días. Hay que tener en cuenta que las artesanas distribuyen el tiempo entre su oficio y las labores domésticas, en las que los canastos cobran una función práctica, es decir, sirven para cosechar y para llevar de un lado a otro ropa u objetos. “Cada canasto tiene su significado. El color negro representa la naturaleza, nuestro origen. Además, se tejen figuras que representan el territorio como árboles, ríos, arañas, monos”, explica Armenia. Hay diversos modelos de canastos: está el tipo florero, el llamado ‘remesera’, pero los más populares son la petaca, que es el canasto más grande, y la ‘terlenca’, que es el alargado con el asiento delgado.

“Estoy buscando las oportunidades para generar más recursos a partir de la artesanía. Lo que se necesita es que la gente conozca la belleza de las artesanías del pueblo Eperara-Siapidaara, para que, así, más mujeres se pongan a tejer. En el municipio de Olaya Herrera, las comunidades de Boca de Víbora y Tórtola son en las que actualmente hay más artesanas. En la Tórtola, por ejemplo, somos 8 y estamos buscando esas oportunidades”, concluye la lideresa comunitaria y artesanal            Armenia Chiripúa.