Por: Fredy Valenzuela, Andrés Charfuelan, Yeimi Benavides

Uno de los más grandes problemas ambientales a nivel mundial es la acumulación de plástico por el uso masivo en la industria alimentaria, farmacéutica, y cosmética. Para fabricar una bolsa plástica se requieren solo cinco segundos, el cliente la usa de treinta a sesenta minutos, y el tiempo de descomposición supera los 400 años.

El plástico es un producto fabricado a partir de petroquímicos, lo que significa una alta contaminación en afluentes de agua, muerte de especies de fauna marina, afectación de los suelos, y otros impactos nocivos para la salud. Por esta razón la sustitución de este material es una prioridad dentro de la agenda ambiental del globo.

Las materias primas no renovables provenientes del petróleo, tienden a desaparecer frente a las cada vez más numerosas alternativas amigables con el medio ambiente, como por ejemplo la biomasa generada en las cosechas de papa. El almidón extraído a partir de este tubérculo, es muy utilizado en la industria por su versatilidad.

Esta materia prima, por medio de modificaciones químicas como la esterificación con un ácido orgánico y plastificantes, produce materiales termoplásticos resistentes que pueden reemplazar las bolsas convencionales con el denominado “bioplástico”, que se degrada en un periodo muchísimo más corto (de seis meses a un año).

En el año 2020 los cultivos de papa en el departamento de Nariño fueron de aproximadamente 25.935 hectáreas, con una producción de 495.028 toneladas, lo que significa que hay un gran potencial para producir materia prima de bolsas biodegradables que beneficiarían a todo el país.