Para hablar de género y equidad se dieron cita en Pasto dos organizaciones: Foro de la Mujer de Ecuador y Red Nacional de         Mujeres de Colombia

Día a día nos sorprenden las noticias espeluznantes, donde el dolor, la angustia y la desesperación de unos se revierte sobre otros, generando un círculo vicioso que no
deja sino un mar de sinsabores e historias que se repiten, y acrecientan la violencia en nuestra sociedad, pero es justo en esos espacios donde aparecen mujeres decididas y resueltas a romper esa secuencia, personas que tiene el coraje de hacer nuevas propuestas para facilitar la construcción de una nueva comunidad, de un nuevo amanecer para quienes la falta de oportunidades no les ha permitido visualizar un futuro promisorio y se rinden sin intentar salir de la oscuridad, porque no conocen sus derechos como ciudadanos.

Esta es una historia conocida y que demuestra que son pocos quienes asumen el rol de ciudadanos, porque, al parecer, sólo es posible recordarlo cuando la necesidad agobia, más no hay una acción preventiva porque se evade la posibilidad de estar en los zapatos del otro, del afectado.

Pero, hay quienes rompen la indiferencia, quienes no esperan que sucedan las catástrofes para replantear su accionar y comienzan a convocar, a despertar a la sociedad civil y a crear redes que interactúen y en su expansión puedan incidir en las políticas de su Estado.

En ese despertar de la indiferencia, hoy, después de varios contactos por internet organizaciones como “Red Nacional de Mujeres” de Colombia y “Foro de la Mujer” de Ecuador han encontrado situaciones comunes y a través de su gestión han conseguido el apoyo de la Comunidad Andina, CAN, (antiguo Grupo Andino del cual son miembros: Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia), para realizar encuentros que les permita identificar la realidad de determinadas regiones del país, con problemáticas muy puntuales que involucren especialmente a las mujeres.

Estas dos organizaciones pretenden “analizar la situación de conflicto en la frontera y los efectos en la vida de las mujeres para proponer una agenda de incidencia en las políticas públicas ante los gobiernos de la región andina”, por ello en mesas de trabajo realizadas a mediados del mes de junio, conocieron historias de vida que reflejan la urgencia en generar solidaridad no sólo entre los habitantes de los países vecinos, sino también entre sus gobiernos, porque de esa hermandad depende las soluciones que se den a uno de los sectores más vulnerables de la población: las mujeres de esta región, las migrantes colombianas que van al Ecuador (Esmeraldas, Pichincha, Carchi y Sucumbíos) en busca de empleo y que, en menos de un año, han aumentado la cifra de desplazamiento de un 45% a un 60%.

Por ello, Hilda María Salas, representante de la Fundaciones: Acción por la Equidad y Esperanza del Ecuador, considera fundamental construir una “red de mujeres, binacional fronterizas, para elaborar y fortalecer perfiles de proyectos integradores”, en pro de mejorar las condiciones de esta área. Considera urgente hacer conocer y capacitar a la población sobre sus derechos, como de igual manera es prioritario lograr convenios binacionales que faciliten, a los menos favorecidos, el acceso a la salud            y a la educación.

Ahora, si bien es cierto que el problema no surge del rompimiento de las relaciones diplomáticas entre Ecuador y Colombia, esto sí agrava la situación, pues no se han centrado en analizar las causantes y las medidas a tomar para evitar el agudizamiento de problemas como el desplazamiento forzado, la trata de blancas y el incremento delicuencial, consecuencias inmediatas de la expansión y a la vez, erradicación de cultivos ilícitos, paramilitarismo e insurgencia armada.

En ese orden de ideas, Gloria Tobón, especialista en Género y Derechos Humanos, y delegada de la Red Nacional de Mujeres, coincide con los lineamientos de las fundaciones ecuatorianas presentes en el foro y ratifica el propósito de “generar espacios de alianza, que Colombia y Ecuador recuperen la vecindad y nosotras, como sociedad civil, esforzamos para promover el diálogo y la resolución pacífica”, ella, preocupada por el desplazamiento, considera muy particular el contexto del Departamento de Nariño, pues es un expulsor como también un receptor de desplazados y el incremento de desplazados de las zonas rurales es alarmantes, mientras el país la cifra asciende al 22%, en Nariño el desplazamiento se elevó al 52%, más del doble del promedio nacional, anual.

En consecuencia, esta no debería ser una tarea sólo de las organizaciones o movimientos sociales que claman por la equidad, éste debería ser el compromiso de toda la sociedad, que muchas veces apunta a intereses particulares y olvida que la acción solidaria y colectiva es la que permite la construcción de estrategias en beneficio de quienes sufren, únicamente por el olvido del Estado, sino por la falta de previsión e interacción de las instituciones que no son veladas por la comunidad
respondiendo así tan sólo a exigencias funcionales de la administración pública y no a las necesidades de la comunidad.