A 12 kilometros de Pasto, se levanta al corregimiento de Genoy, y la tierra de los alegres de Genoy, los compositores e intérpretes de música campesina del               altiplano Nariñense.

Por: Sandra Eraso

Tierra de geografía montañosa con variedad de climas, donde sus gentes laboriosas construyen el día a día y dan el testimonio de vida de una vieja cultura indígena y agropecuaria, alojada en la falda del Galeras que se niega a desaparecer; tierra donde se crían los cuyes más grandes, se consigue el mote de maíz más famoso de la región y con una entrada mágica donde la neblina y el sol logran unirse por instantes casi inolvidables, evocando una acuarela pintada por el mejor maestro que fusiona grises, azules y naranjas.

Es en este Genoy, donde se siembra el junco, planta resistente parecida a la guadua pero de tallos rectos, delgados, lisos y flexibles que crece en parajes húmedos y debe ser cortada en luna creciente, con el fin de tener juncos gruesos y parejos,cualidades indispensables a la hora de trabajarlo.

Esta planta es la materia prima que utilizan muchas familias asentadas en la zona, dedicadas al oficio de la cestería, el cual ha pasado de generación en generación y les ha permitido su subsistencia.

Al mercado de plaza son muchas las señoras y también señores que llevan una canasta. El tamaño depende de sus necesidades y, por supuesto, del dinero que lleve en sus bolsillos. Es una canasta que le permite llevar a su casa todo lo que necesita para preparar los alimentos diarios. Entrar a un mercado es encontrarse con el encanto de todos los productos en un solo lugar, llevados por quienes los siembran, los cultivan y los cosechan.

El comprador consulta sus cuentas y escoge a su gusto las leguminosas ya desenvainadas, también las venden por medida, dependiendo del tamaño de la
cesta va el precio. Son estas canastas que los herederos del Galeras tejen día a día en los corredores de sus casas, cuando el sol viaja a otros parajes o en el patio cuando el frío húmedo de la zona los abandona.

En medio de los constantes rugidos del Galeras, la cestería es una actividad que convoca a los miembros del núcleo familiar a integrarse en torno de la elaboración del artículo, de esta manera todos apoyan para ponerle un sello personal, cada uno teje su parte, hasta lograr la obra completa: una canasta, una cuna, un armario, un florero o una panera, todo de acuerdo con los pedidos de los clientes.

Son las manos de los artesanos las que con movimientos ágiles, coordinados y experimentados tejen el junco. Es el abuelo quien inicia la obra, es él quien sabe las necesidades de sus compradores y, por eso, es también él quien decide las formas, los tamaños y las cantidades de los canastos que se elaborarán durante la semana; como una hormiga artesana se concentra en el junco que tiene a su alrededor, en silencio y de manera muy rápida teje el centro del cesto, entrelaza los tallos de junco, uno sobre otro, dándole la forma ovalada, redonda o cuadrada –depende de las necesidades- cerca de diez vueltas para que continúen con la labor los demás integrantes de la familia, así la madre de familia, luego de terminar los oficios del hogar, se une a esta minga y teje una vuelta y otra más, con los ojos en el cielo, pidiéndole al Hacedor del mundo que conceda a su familia la venta de todos los artículos para cubrir los gastos de estudio y comida; los hijos, luego de la siembra, tejen con la mira da en el horizonte en busca de respuestas para seguir creciendo en medio de las hostilidades diarias, pero con la convicción firme de salir; también los nietos, que salen de sus aulas de clase, después de sumar, multiplicar y restar, llegan a la faena familiar a cruzar los tejidos con el deseo de aprender más de las técnicas. Tejen espirales de junco, cañoto, bejuco, carrizo y tantos otros materiales alternativos para la elaboración de estos elementos.

Y llega el fin de semana, el esperado sábado, cuando emprenden camino al mercado. Ipiales, Aldana, Guachucal, Ancuya o Consacá, se convierten en escenarios donde muestran y ofrecen los canastos de diferentes tamaños,. La alegría se dibuja en el
rostro del abuelo cuando recuerda que a tempranas horas de este sexto día queda libre, pues sus productos los vende con facilidad y obtiene quinientos o mil pesos
de ganancia por producto.

El resto del día lo aprovecha para abastecerse de lo que necesita en el hogar durante la semana siguiente.

Además consigue materiales para continuar con la rutina, dando paso a este churo cósmico, a este ir y venir que es la vida, un ir y venir en busca de su realización
personal a través de las pequeñas cosas que nuestros trabajadores tejen día tras día, segundo a segundo, en estos tiempos de crisis, de escepticismo, de crueles conjeturas de quienes pretenden manejar la vida, pues en este Genoy con olor a azufre y pequeñas calles cubiertas de ceniza volcánica, crece una raza de gente pujante y trabajadora que no ha cambiado sus tradiciones y que ha hecho de éstas el impulso para seguir creciendo y construyendo sus propios sueños.

Cada vez que veamos un canasto con frutas, flores, verduras o legumbres, podemos ver el sello inigualable que los integrantes de un mismo tronco familiar le impregnaron a su trabajo para recordarnos que de estas voces de nuestro Nariño es de donde tomamos ejemplo de vida y grandeza para levantarnos y seguir en pie de lucha, de lucha por la vida y la dignidad de un pueblo que no se da ni se dará por              vencido jamás.